Le dije a la psicóloga que sentía que había personas que no reconocían todo el esfuerzo que hago por ellos y me contestó que “a veces estamos tan presentes que nos volvemos invisibles, porque siempre estamos”. Y la verdad que me pegó una patada en el cora y otra en la cabeza.
Hay gente que lleva un Excel con todos sus gastos, incluidas las cuotas de las compras hechas con tarjetas de crédito.
Atrás de esa gente rara y degenerada estamos el resto de los mortales llevándonos sorpresas cada vez que llega un resumen.
No obliguemos a nadie a dedicarnos su tiempo, no obliguemos a que nos respondan rápido, no obliguemos a cambiar. Las acciones tienen más valor cuando las hacen por propia iniciativa, no porque tú lo tienes que pedir.