Muchos periodistas y referentes culturales señalaron que la derogación de la Ley del Libro no afecta solamente a una actividad económica, sino a un ecosistema que garantiza diversidad, acceso y preservación de contenidos.
Los traductores públicos enfrentamos una situación similar. Nuestra regulación no existe como una barrera burocrática o una casta, sino como una garantía de que los documentos traducidos mantengan fidelidad al original y no sean modificados, tergiversados o utilizados para alterar el sentido de un texto en beneficio de intereses particulares.
Una traducción pública no es simplemente pasar palabras de un idioma a otro: es dar fe de que un contenido corresponde al original. Sin controles profesionales queda abierta la puerta a traducciones manipuladas, sesgadas o adaptadas según conveniencias. Así como una ley del libro no protege solamente a libreros sino el acceso a una cultura plural, la regulación de la traducción pública no protege solamente a traductores: protege a la sociedad de documentos alterados, interpretaciones interesadas y manipulaciones del contenido.
@halconada@ertenembaum@luisnovaresio@Sietecase@odonnellmaria
scaloni: estás para correr colo?
barco: si lío
scaloni: andá a decirle a justin bieber que no cante en el entretiempo y se ponga la camiseta que va a entrar