Quizás si dejaran de pensar el feminismo como una corrección moral de las almas y lo empiecen a pensar como modificación de las relaciones de poder y dominación se dejen de hacer preguntas inconducentes.
Hoy llora un pibe en la villa, una chica en la facultad, un laburante precarizado, un intelectual, un preso, una maestra, un desocupado, una ama de casa, un borracho y un ex ministro. Lo lloramos y sabemos que el asunto está ahora y para siempre en nuestras manos.
A mí lo que sinceramente me parece fascinante es que sea un fenómeno tan imposible de ser globalizado, traducido a otras latitudes. Es nuestro. A nadie más le importa. Todo nuestro. Un tesoro enterrado en el fin del mundo.
Es deprimente que cuando una mujer es asesinada por un chorro los tipos se ponen indiscutiblemente en contra del asesino, pero cuando es asesinada por un novio, ex novio, un familiar o un loquito obsesionado con ella, los tipos empatizan implícitamente con el asesino.
"De los condenados, el 17 por ciento es por violación (...) Hay otra dimensión que vamos tomando de ese horror con una mirada más del mundo femenino postergado. Imaginarte embarazada, que te violen, que te roben a tu hijo, que no lo puedas abrazar".
—Emilse Pizarro.