Con el tiempo aprendes a frenar la lengua, y no reaccionar cada vez que escuchas o ves algo que no te gusta. Aprendes a alejarte, evitar lugares, situaciones y personas que no valen la pena como para perder tu tiempo y energía, nada más sanador que eso.
No importa cuanto ames a un hombre, tu amor no le va a ganar nunca a su crianza, a los años donde nadie lo escuchó, al padre que no estuvo presente la mayor parte de su vida, a la idea mediocre del amor con la que creció. Y mucho menos a su fachada de autosuficiencia.