El problema está en que somos tan adictos a la lucha que la calma nos parece peligrosa, sentarte en silencio confiar, sentir que ya lo tienes parece una locura en un mundo que glorifica la ansiedad.
La mayoría de nuestras creencias n la elegimos, las heredamos, de nuestros padres, de la escuela, la televisión, de una sociedad mediocre que glorifica la queja y castiga la excelencia.
Cuando nos vemos demasiado pequeños renunciamos a nuestro poder, cuando nos vemos demasiado grandes olvidamos nuestra raíz, el secreto está en recordar ambas dimensiones tu grandeza y tu humildad coexistiendo.
Lo que es para ti no requiere esfuerzo desesperado, requiere presencia, alineación, un corazón disponible y tal vez eso que tanto deseas esté ahí esperando a que por fin decidas descansar y soltar.