-Mira, Genaro, si yo a Asencio lo he mimado más que a mis hijos. Pero es que no lo uso.
-¿Caro? Esto se te revaloriza con el tiempo, esto es una inversión. Pero vamos, que no me faltan compradores. ¿Sabes quién me lo quiere comprar? El Inter. Zanetti se ha encaprichado, pero a mí me hace más ilusión que me lo compres tú.
@OoCBoca Porque más alla de SudaMerica no es considerado buen portero. No es ni Top 10 : Courtois, Donnaruma, Oblak, Allison, Ederson, Sommer, Ter Stegen, Raya, Maignan, incluso, Neuer, Kobel o Simon son mejores.
De hecho, el Dibu se despidio del Villa y nadie le ha querido Por algo será
@Cantillista Hay que ver los jugadores con la perspectiva del tiempo. Logicamente tecnicamente y fisicamente está muy lejos de los jugadores actuales. Pero supuso una revolución en su tiempo, era el jugador diferente de entonces. Hacia cosas que nadie más hacía, ni se les ocurría
Ocho años después, ese mismo jeque murió en la invasión iraquí, alcanzado por metralla mientras defendía el Palacio Dasman, en Kuwait City. El hombre que bajó a detener un gol murió como soldado. Y el maletín que llevaba aquella tarde en Valladolid… nunca se abrió.
El jeque, por su parte, abandonó el estadio con una frase que hoy suena profética: “La mafia es pequeña al lado de la FIFA. No me importa la sanción. Otro cubrirá mi lugar”.
Y aún hoy, cuando un jugador ensaya un festejo imposible, alguien recuerda a Milla. Al viejo sabio que, en un rincón del campo, se atrevió a bailar. Hasta entonces, los goles se celebraban con un grito o un salto. Pero Milla le metió música. Le metió alma.
Roger Milla no solo cambió la narrativa del fútbol africano. Abrió una puerta invisible: la de la imaginación. Desde su danza, el gol dejó de ser solo estadística para convertirse en expresión. En lenguaje. En arte.