Mientras que uno fue a la tele para defender a su arquero y ponerle el pecho a la crítica de un país, el otro lo saca en el entretiempo para exponerlo y lavarse bien las manos. Cagón y fracasado.
Orgulloso y hasta la muerte Bilardista.
Una vez vi a Facundo Farías en un supermercado en La Plata. Le dije que qué bueno conocerlo en persona, pero no quería ser cargoso y molestarlo pidiéndole fotos ni nada de eso.
Me contestó: “¿Ah, como estás haciendo ahora?”
Me dejó helado, lo único que pude decir fue “¿Eh?” pero él me seguía cortando y repetía “¿eh? ¿eh? ¿eh?” aplaudiéndome en la cara. Me fui y seguí haciendo las compras, y lo escuché reírse mientras me alejaba. Cuando fui a pagar, lo vi intentando salir por la puerta con como quince Kit Kats en las manos sin pagar.
La chica de la caja fue re amable y profesional y le dijo: “Señor, primero tiene que pagar eso.” Al principio Facundo siguió haciéndose el boludo como si no la escuchara, pero al final se dio vuelta y los trajo a la caja.
Cuando la cajera agarró un chocolate y lo empezó a escanear varias veces, Facundo la paró y le dijo que las escaneara una por una “para evitar cualquier electrointerferencia”, y después se dio vuelta y me guiñó un ojo. Ni creo que esa palabra exista. Después de escanear cada barra y meterlas en una bolsa, cuando la cajera estaba por decirle el precio, Facundo la interrumpía cada vez bostezando a los gritos.
Estudiantes estuvo a la altura de su historia e identidad. Dejó el corazón. Dio todo. Pudo haber ganado sin ir a penales.
Flamengo mostró que tiene el plantel más caro de Sudamérica pero es endeble. Lo perdonó en Río de Janeiro y no se quedó afuera por un detalle.