Me cuenta un buen jesuita que los líderes indígenas del Putumayo, Colombia, le pidieron que hiciera más misiones porque miembros de las comunidades se estaban volviendo neopentecostales y que estaban dejando a sus familias, a su tierra, odiando sus raíces y a la Virgen María.
Las sectas cristianas y evangélicas llevan ya DÉCADAS erosionando nuestro tejido cultural y comunitario:
Nos botaban los CDs, nos prohibían ver anime, leer manga y comics, consumir ciertos alimentos; nos alejaron de amigos y primos con los que crecimos porque “éramos mundanos”
el evangelicalismo no solo destruyó el fútbol en Sudamérica (es la punta del iceberg) sino que también se darán cuenta pronto que fue el causante del auge de la ultraderecha, la muerte cultural de los valores, la cultura narco y muchas cosas mas.
Me parece terrible que la gente esté empezando a encaminar y hacer público su odio a las iglesias cristianas y evangélicas del continente...sin mí.
El neopentecostalismo es un cáncer en la región.
Ustedes hijueputas! Nos toca tener un ojo en la pantalla y el otro aquí porque andan ustedes buscando un golpe de Estado y una guerra civil, malparidos!
Tan elocuente Carlos Alonso, pero dijo en su entrevista “somos literalmente el agua y el aceite”. No, amigo. Quisiste decir “metafóricamente”, que es exactamente lo contrario. Si fueran literalmente el agua y el aceite, serían, literalmente, agua y aceite. Respectivamente.
Listo perdió Colombia, ahora:
Volverán Convivir (paramilitarismo urbano), entregarán el Páramo de Santurbán al extractivismo extranjero, una anti derechos será ministra de educación, intervención de los dos países más nefastos.
Ya pueden sacarse la cabeza del culo.