Una vez una señora que trabajaba conmigo me mostró un vídeo del ultrasonido que se había hecho su hija, era de los latidos del corazón de su primer nieto, su cara y su voz transmitían amor; ahí reafirme que se puede amar profundamente.
Hasta ahora entiendo el amor con el que mi tía Arlene siempre limpiaba la casa de mi abuela a fondo sin dejar ver el cansancio,limpiaba con amor la casa de sus papás,el comedor de madera que les regaló con su primer sueldo y que aún nos acompaña, la vitrina con un mundo dentro