La confianza también implica no decepcionar. Es lo que pasa con el cariño, solo se decepciona si hay aprecio en medio. Confiar es la certeza de saber que el otro no cruza ciertos límites. Quizás por eso duele la decepción porque es el resultado fallido de creer conocer a alguien.
Confiar no es sentir seguridad todo el rato, sino darle a alguien la oportunidad de que pueda decepcionarte. Confiar es dejar la puerta abierta, sabiendo que quien se queda es porque verdaderamente quiere estar ahí. Confiar es dejar de controlar lo que no depende de ti aceptando que, si algo pasa, se tomarán decisiones en el momento, no antes. Y es que confiar no implica la ausencia de vértigo, pero sí aprender que asomarte continuamente no evita la caída, sino que hace que esta duela el doble. Confiar es una elección diaria sin que el miedo a perder lo que te importa decida por ti. Que la confianza más que sentirla, se hace, pero siempre teniendo en cuenta con quién la construyes
Porque con cualquiera no vale