No me importa si Miyazaki robaba el banco o golpeaba a sus hijos, porque tomó un camino de sacrificio, entregó su propia mente.
Que un artista se entregue al arte es volverse loco, es insistir en un campo que históricamente nunca ha sido bien remunerado, desarrollar mala articulación, problemas de espalda, y te enterarás qué más. Siéntate tú +30 horas a dibujar niñas moe sin parar, y verás que le hace eso a tu cerebro a largo plazo.
Lo que plasma en sus obras puede o no puede ser un reflejo de su carácter moral, pero es un deseo interno, no racionalizado por trascender, de hablar con más intensidad que con las palabras.
Sociedades avanzadas solían entender esto, que un artista debía ser juzgado por su obra, no por los detalles de su vida personal, pero en un mundo globalizado y una economía dependiente de la viralidad, ¿qué persona y de cuál campo no necesita hacer excusas por las imperfecciones de su intimidad?
Sé que la mayoría tendrán empleos normales de medio tiempo y sólo dibujarán como hobby, y eso está muy bien. Pero otros, tengan en cuenta que entre más se entreguen a sus pasiones, más probabilidades tendrán de un futuro en el que estarán en el mismo lugar que Miyazaki, con la gente juzgándoles de la misma manera.
Así como mucha gente no tiene en cuenta que su electricidad significó la muerte de alguien en una guerra, igualmente su anime sobre robots o chicas mágicas significó el divorcio u hospitalización de algún artista.
Una de estas escenas tiene una fuerte carga psicológica, y es una de las representaciones más crudas y reales de la bajeza humana.
Esa parte incómoda del hombre que no queremos ver.
Una demostración de lo valiente que tuvo que ser su autor para siquiera idearla.