Feminista Interseccional. Abogada. Master en Medio Ambiente: Dimensiones Humanas y Socioeconómicas por la Universidad Complutense de Madrid. Doctorando
Si un juicio político no devuelve la plata robada, ¿para qué procesar a los criminales si condenarlos no devuelve la vida a sus víctimas?
Lógica de los genios que nos gobiernan
Los asambleistaas de ADN junto a sus aliados acaban de salvar del juicio político a Ines Manzano. Le robaron 140 millones al país y ahora dejaron impunes a los responsables políticos. No vuelvan hablar de honestidad ni fiscalización, quedaron desnudos ante el país, sinverguenzas.
Las empresas de IA están comprando millones de libros, chupando su conocimiento para entrenar a sus modelos y luego destruir los libros. Alejandría está siendo quemada de nuevo (?)
🇪🇸 En Barcelona cientos de personas recordaron a Hind Rajab cargando su retrato gigante.
La niña de seis años que pidió ayuda por teléfono mientras el ejército israelí la rodeaba. Fue asesinada junto a su familia y los paramédicos que intentaron rescatarla.
Meses después, su rostro sigue presente en las calles.
No como símbolo vacío, sino como evidencia de una matanza que el mundo eligió no detener.
Hind no es un caso aislado.
Es el rostro de una generación destruida.
Según Vistazo, Reimberg ha dado estas declaraciones que alarman.
Señor, le explico, si los jueces son corruptos deben ir presos. Punto. No hay otra alternativa.
¿Qué significa “enderezarse”? Eso no existe en derecho
La academia muda. La Asamblea atada. ¡Qué triste país!
Han realizado un documental en Guayaquil por ser una de las ciudades más violentas del mundo. Hacen una entrevista a unos delincuentes y estos cuentan QUE PAGAN VACUNAS A LA POLICÍA para avisar sobre los operativos.
Si hay niñas menores de 21 años leyendome, nunca hagan de un hombre el centro de su vida. Luchen por sus sueños. Estudien o ahorren dinero para viajar. No le regalen su juventud a cualquier pelafustán. Los hombres le pagan mal a las mujeres sumisas, inocentes e incondicionales.
Si nunca te han dicho mamerto, zurdo, socialista, comunista, plebeyo, proletario, obrero, petroñero, “trabaje vago” o el infaltable “váyase pa’ Cuba”, entonces fracasaste como persona de calidad. 🫶🏼
Ustedes son muy jóvenes pero la madre de Keiko Fujimori, quién fuera primera dama de Perú en los 90, denunció a la familia de su marido Alberto Fujimori por corrupción y terminó muy mal.
La cosa fue así. En 1992 llegaban muchísimas donaciones de Japón para las familias pobres peruanas.
Empresas privadas japonesas y familias pudientes niponas mandaban de todo: dinero y cientos de containers con ropa.
Estamos hablando de mucha cantidad, millones de dólares.
Las hermanas y cuñados del presidente, que laburaban en el area diplomática 🇯🇵 🇵🇪, armaron una ONG (en paralelo a la embajada de Perú en Japón), y se quedaron con todo el dinero. También vendieron toda la ropa en vez de donarla. Container que aparecía container que lo hacían guita.
Susana Higuchi, madre de Keiko, quiso denunciar el hecho. Su esposo le ofreció 100 millones de dólares cash para que no lo hiciera.
Ella no aceptó y acto seguido fue secuestrada por un grupo de parapoliciales.
Una vez privada de su libertad fue torturada, recibió golpes hasta el desmayo y le metieron picana por varios días.
Estuvo encerrada en un sótano por varias semanas y denunció más de 500 sesiones de tortura.
Claro que esto no lo denució en su momento porque estaba aterrada y la tenían amenazada. Logró hacer la denuncia una década después. Para ese entonces Fujimori ya se había escapado a Japón por otros temas, y estaba fuera del alcance de la justicia peruana.
Data interesante: En el 92 Keiko le dio la espalda a su mamá, se alió con el padre y se convirtió ella en “primera dama”.
Todo muy normal.
🔙Muchos no os acordaréis porque sois muy jóvenes, pero en enero de 2026 el Departamento de Justicia de Estados Unidos publicó millones de archivos relacionados con el fallecido delincuente sexual Jeffrey Epstein.
Desde entonces, muchas descubrimos que lo verdaderamente perturbador no es solo la magnitud de los crímenes, sino la normalidad con la que el mundo siguió girando después, como si no hubiera pasado nada. Porque aceptar la verdad implica algo mucho más difícil: asumir que el sistema que nos gobierna está podrido hasta la médula, y que cambiarlo exige conflicto, incomodidad y organización.