@AriadnaMaroto Yo rezo un Dios te salve cuando me cruzo con un cura o una embarazada, y me santiguo después. La gente me mira como si estuviese loco. Pues sí, y a mucha honra.
@ngarrigos12@Motard8559 Expresar discrepancias con la financiación de la sustitución de nuestra sociedad por otra de corte islámico no es xenofobia ni es un discurso de odio, y la alternativa no son las ejecuciones. Para entenderlo, sin embargo, es requisito no ser más tonta que un bocado en la polla.
@PhilAMellows No estamos en posición de evitar el veneno. Ya lo hemos tomado, nos empezamos a sentir mal, y sólo va a empeorar. Quien quiera ver por qué, puede pasarse por cualquier colegio a la hora de la salida. No se trata de los que llegan en patera, sino en autobús escolar.
Buenos días @Mercadona
Cada producto marroquí que detecte en vuestros supermercados, lo postearé aquí para que la gente tenga la información y pueda decir.
Soy una cuenta pequeña, pero muchos pocos hacen un país ☝🏻🇪🇸
@wallstwolverine Se ve que el delfín les sentó de puta madre y pudieron recuperar fuerzas. Ya no están desnutridos. Otra crisis solucionada por Pedro Sánchez.
Catholics are demanding that Holy Communion be denied to self-professed Catholic Massachusetts Governor Maura Healey after she signed a law allowing abortion up to birth.
La Iglesia siempre ha enseñado lo mismo sobre el aborto, con pruebas fehacientes de cuando la Iglesia era un grupico de frikiparias sin la menor idea de que ocurrirían cosas como convertir al imperio romano.
@jmcordi Treintañeros calvitos y fofos en chancletas y tordas infollables con pelos en los sobacos. La última generación de la izquierda abertzale transmite amargura y lástima.
Spadaro escribe bien —hay que concederle eso— y precisamente por eso conviene mirar con atención lo que hace, porque la prosa hermosa es el mejor envoltorio de una operación teológica. Y la operación, aquí, es la de siempre: tomar un signo que toda la Tradición leyó en clave eucarística y cristológica, y disolverlo en una parábola horizontal de reparto e inclusión. La meditación es impecablemente plana. Todo transcurre a ras del suelo: manos, panes, hierba, atardecer, cámara panorámica. Lo único que no aparece es el Cielo.
Repárese en el centro. Spadaro nota que la cadena de verbos es "precisa": tomó, bendijo, partió, dio. Claro que es precisa: es la fórmula de la consagración. Accepit, benedixit, fregit, deditque. Los Padres —y la liturgia misma, y el propio Evangelio, que hace seguir a este signo el discurso del Pan de Vida en Cafarnaúm— vieron aquí la prefiguración de la Eucaristía y de Cristo que se da como alimento. Spadaro tiene la fórmula delante de los ojos, la señala con el dedo… y la lee como un organigrama de distribución: "el alimento pasa de mano en mano", "el milagro necesita gente que lleve el pan". Es decir: roza el altar y ve una cadena de logística solidaria. Toca el misterio de la transubstanciación anticipada y comenta el catering.
El segundo movimiento es la neutralización del prodigio. "Aquí no hay magia", insiste, y en sí la frase es ortodoxa: milagro no es magia. Pero obsérvese hacia dónde empuja todo el peso del texto. No multiplica primero; pide lo que hay; "lo poco, la casi nada"; el pan "nacido de la casi nada". A fuerza de subrayar nuestra contribución minúscula y el gesto de "bendecir lo poco y repartirlo", el acto divino se diluye en colaboración humana. Es el viejo reflujo racionalista con modales piadosos: sin negar el milagro con todas las letras, se lo desplaza del centro hasta que lo que queda vibrando no es la omnipotencia de Dios, sino la generosidad de los que comparten. Dios, en esta lectura, no obra: preside una dinámica.
Y aquí aparece la clave, la palabra que delata el marco entero: la "lógica de la escasez". Spadaro convierte el signo en un alegato contra la idea de que "no hay bastante, alguien tiene que quedar fuera, la manta es corta". Ese vocabulario no es evangélico: es económico y contemporáneo, el léxico exacto del progresismo redistributivo y de la retórica de la inclusión. Por eso el titular no es "Cristo, Pan de Vida", ni "el Señor sacia con abundancia divina", sino "Jesús no echa a nadie": el motivo de la acogida ascendido a tesis. El milagro de los panes, que durante veinte siglos fue una teofanía de la caridad de Dios que alimenta a su pueblo, queda reducido a una fábula sobre repartir mejor la manta.
Lo decisivo, como siempre en esta escuela, es lo que calla. No hay una línea sobre el pecado, ni sobre la adoración, ni sobre el fin sobrenatural del hombre. La muchedumbre come, pero no adora a nadie; nadie cae de rodillas ante Aquel que acaba de hacer de la nada un banquete. La "solución adulta, razonable, lógica" —que cada uno se las arregle— es ridiculizada, de acuerdo; pero no se la sustituye por la fe en el Dios que está delante, sino por un imperativo activista: "dádselo vosotros, no deleguéis". El acento cae, dice Spadaro, "sobre ese pronombre". Sobre vosotros. Nunca sobre Él. Toda la carga teológica se traslada del que obra el prodigio a los que reparten sus efectos.
De ahí que el texto termine donde termina: no en el sagrario, sino en la sala de montaje. "Un director filmaría esta escena con la cámara abierta, panorámica…", "un almuerzo nacido de la casi nada". Es la firma de la casa: el misterio resuelto en literatura y en sociología, la Eucaristía sin altar, el milagro sin Dios, la trascendencia jubilada y reemplazada por una emoción cinematográfica bien iluminada al atardecer. El jesuita que debería conducirnos por Juan 6 hasta el escándalo del "mi carne es verdadera comida" nos deja, en cambio, contemplando la hierba. Comprensible: el pan que él parte no compromete a nada, no exige conversión, no habla de sacrificio. Solo se comparte. Y ya sabemos qué liturgias incomodan a estos pastores, y no es la del plato de fideos ni la de la manta repartida.
¿Conocías la historia de Nuestra Señora de los Ángeles?👇
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Al detalle una de mis últimas obras: "María, Madre del Amor Hermoso".
Realizada al óleo sobre lienzo, esta obra de 136 × 215 cm representa a la Sagrada Familia en una escena de la vida cotidiana. Ha sido encargada por el Fairest Love Family Project, con sede en Los Ángeles (California, Estados Unidos).