@BrunoRoalv A mi lo que me alucina es que haya gente como tus padres que puedan votar a un partido que solo quiera beneficiar a los de los casoplones. No lo entiendo. No me cabe en la cabeza. En psicología hay algo llamado identificación con el agresor. .. Como no sea eso.
Paseo por las calas de Dénia o Jávea, veo esos casoplones de millones de euros y se me revuelven las tripas.
Mi padre se dejó la vida en la obra, tragando polvo y moviendo uralitas. Se jubiló después de toda una vida trabajando y haciendo más horas que un reloj para poder traer dinero a casa, y tres años después murió de un cáncer galopante de pleura.
TRES AÑOS disfrutó de su jubilación.
Mi madre se pasó la vida limpiando casas de señoritos, agachando el lomo para que otros llegaran y se encontraran hasta el váter limpio. Algunos la trataban como si fuera su esclava.
¿Su recompensa?
Una pensión de 760 putos euros.
Y luego paseo por la costa y veo mansiones con piscina, jardines infinitos y vistas al mar de gente que, en muchos casos, nació con más patrimonio del que mis padres podrían haber ganado trabajando tres vidas.
Y todavía tenemos que escuchar que esto es «meritocracia».
Que el rico está arriba porque se lo ha currado.
Que el pobre está abajo porque no se esforzó lo suficiente.
MIS COJONES.
Mis padres se esforzaron.
Mis padres trabajaron.
Mis padres cumplieron todas las putas reglas.
Mi padre puso hasta su salud encima de la mesa.
Y el premio fue morirse tres años después de jubilarse, mientras mi madre sobrevive con 760 euros.
No es envidia.
Es rabia.
Rabia de ver a una clase trabajadora dejándose la salud y la vida para sostener un sistema en el que unos heredan patrimonio y otros heredan cuerpos destrozados.
Porque esa es la puta diferencia:
Unos heredan casas.
Otros, hipotecas.
Unos heredan patrimonio.
Otros, una pensión de miseria.
Unos heredan empresas, terrenos y cuentas corrientes.
Otros heredamos las manos destrozadas de nuestros padres y el recuerdo de todo lo que tuvieron que trabajar para que a nosotros no nos faltara un plato en la mesa.
Unos pueden pasarse la vida disfrutando de lo que otros acumularon antes de que ellos nacieran.
Y otros se pasan la vida trabajando con la esperanza de poder disfrutar cuando se jubilen.
Mi padre llegó a esa jubilación.
Le quedaron tres años.
TRES PUTOS AÑOS.
Así que no.
Cuando miro esos casoplones no siento envidia.
Pienso en mi padre.
Pienso en mi madre.
Pienso en millones de padres y madres que se han dejado la vida trabajando mientras otros empezaban la partida con la vida resuelta.
Y entonces entiendo algo:
Nos enseñaron a admirar la riqueza de los de arriba y a avergonzarnos de la pobreza de los de abajo.
Quizá ya va siendo hora de hacerlo al revés:
de dejar de preguntar al trabajador por qué tiene tan poco
y empezar a preguntarnos por qué algunos pueden tener tantísimo sin haber trabajado ni una mínima parte de lo que trabajaron nuestros padres.
A eso algunos lo llaman resentimiento.
Yo lo llamo memoria.
Lo llamo dignidad.
Y, sobre todo, lo llamo CONCIENCIA DE CLASE.
@LugarCinema El gran dictador. Viridiana. El. El ladrón de bicicletas. Las noches de Cabiria. Milagro en Roma. Encadenados. Niagara. El tercer hombre. La mujer del cuadro. La estrada. Amanecer. Stromboli.