Y a veces recuerdo…
cuando era más pequeño.
No era perfecto.
Pero no estaba así.
Había algo más ligero.
Algo vivo.
(O eso creo.)
(O tal vez ya lo estoy romantizando.)
Porque ahora mismo…
lo único claro…
es que no sé cómo salir de esto.
Creo que ya me rendí.
No fue un momento exacto, fue un desgaste. Como una cuerda que se va deshilando hasta que deja de sostener.
No salgo. No contesto. No explico.
La verdad no es una frase, es un peso que no sé dónde poner.
Antes era solitario, pero no estaba vacío.
Como un animal que no aprende, que tropieza y decide quedarse en el suelo.
Me estoy destruyendo.
No es dramático. Es constante.
Y eso lo hace peor.
Me preocupa no aguantar.
Pero tampoco hago nada para cambiarlo.
Solo observo cómo me voy rompiendo.
Tu apoyo significa mucho para mí, y confío en que juntos podemos encontrar el camino hacia la calma y la claridad. Agradezco tu comprensión y paciencia mientras atravieso estos momentos difíciles.
Espero que esta carta te encuentre bien. Últimamente, mis días han estado teñidos de un persistente malestar. Mi cabeza duele, me siento mal y la sensación de querer vomitar no me abandona.
Escribo estas líneas en la penumbra de mis pensamientos oscuros, buscando algún resquicio de luz. Mañana es un misterio, pero confío en que algún día, este túnel tenga un final.
Con pesar, yo
Hoy me hundo en un abismo de odio, frustración y tristeza, donde cada palabra pesa como un ancla en mi alma. Un cansancio mental me arrastra hacia la oscuridad, y anhelo un descanso que parece inalcanzable, como si necesitara dormir durante un siglo para escapar de este tormento.
Lo más doloroso es la certeza de que no podré verla esta semana. La vida parece conspirar en mi contra, y cada cosa se tuerce en una dirección contraria a mis anhelos. No le caigo bien a su madre, y aunque no la odio, siento una tristeza por no poder ganarme su aprecio.