Y aunque ha pasado un tiempo, todavía recuerdo ese momento. Porque a veces la humillación no viene de un grito o una ofensa. A veces viene de darte cuenta de cuánto estás dispuesta a hacer por alguien que no está dispuesto a hacer lo mismo por ti.
Esa noche lloré como pocas veces he llorado. No porque la fiesta hubiera salido mal, sino porque me sentí profundamente humillada. Me tocó explicar una y otra vez por qué el festejado no estaba ahí, mientras intentaba sonreír y fingir que estaba bien.
Crees que sabes todas tus posibilidades. Entonces, otras personas llegan a tu vida y de repente hay muchas más (El reino de la posibilidad, David Levithan