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muchacho.
El brazo extendió en cuanto el desconocido se acercó y el humo liberó en su dirección.
——Así es muy fácil. ——Y aburrido, de paso. ——¿Cuánto me das por él? Tiene que ser un buen precio, eh.
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A tocarle las narices, más bien.
Solo hasta que el cigarro se consumiera —ni un minuto más ni uno menos que debía volver rápido a su turno.
De momento, dio otra calada. Y al notar que había conseguido espabilar a su víctima, las comisuras se alzaron. Pobre
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Para una noche que deja atrás a sus abusadores, Samuel —aparentemente— se choca de bruces con otro dispuesto a cortarle las alas.
Sinhueso resuena contra paladar, hastiado ante tal clase de comportamientos. Para suerte del hacker, no era /el/ móvil.
Se levantó para
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Y él justo salía del bar para la piti pausa.
Más que llamarle la atención el joven desparramado sobre la mesa, lo hizo el teléfono que tenía en mano. Con el cilindro encendido entre los labios, se lo arrebató en un parpadeo y lo alzó para inspeccionarlo.
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Yace sentado en un banco, palma apoyada sobre mejilla y codo sobre la mesa frente a él. Poco a poco se permite deslizarse sobre la misma, fijando mirar en el móvil entre falanges. Como es costumbre, Samuel aún no ha pegado ojo.
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Otro «𝘢𝘶𝘤𝘩» por la brusquedad del gesto.
El mareo fue inevitable dado que seguía bastante estúpido por el pelotazo que se llevó. Iba a dedicarle un buen insulto en su lengua materna, mas al alzar un mínimo la cabeza para ver quién era, se tragó las palabras.
———Yo
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——Tranquilo, te falta mucho para morirte.
Y, sin mucha delicadeza, apoya la mano en su nuca, empujándole la cabeza hacia delante y dándole algunas palmaditas ¡Para que no se ahogue con la sangre, hombre!
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su lugar, el cuello estiró en busca del cilindro, acercando los labios al extremo para dar la calada "sanadora". Las comisuras alzó en agradecimiento.
Retuvo el humo unos segundos antes de liberarlo en una larga exhalación.
———Ya verás cómo el hueso vuelve a su lugar.
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Seguro tendría que haber lloriqueado un poco para que fuese creíble… pero, eh, tan mal no le salió que, en unos cuantos parpadeos, notó que la rubia se acercaba.
Podría haberse limpiado las dedos ensangrentados en la camiseta —manchada también, cabía decir—, en
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La rubia asintió despacio, captando al vuelo el dramatismo después de echarle una ojeada a su nariz y ver que nada parecía fuera de su sitio. Cejas aún enarcadas, la restante acompañó a la que se había alzado en un inicio.
Sobre todo después de escuchar aquella petición de una
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——Debo tener el tabique roto… ——exageró.
No era más que una hemorragia que en breves frenaría. El dramatismo corría por sus venas, sobre todo cuando estaba herido.
Sin moverse del lugar, el mentón —un poco ensangrentado— alzó hacia la muchacha y de ella al piti.
——Una
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Menuuuuda imagen la del futbolista.
Tuvo un percance en uno de los entrenamientos hacía unos minutos y terminó ahí, sentado en un banco e intentando meterse cachos de papel higiénico en las fosas nasales para frenar la hemorragia.
——Auch, auch…
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