—¿Putañear? —La morena elevó las cejas por la parte que le tocaba. Le divertía jugar con aquellas insinuaciones. Para ser una dama de cuna, su física con Aegon desde que se conocieron había sido de una garra más propia de una meretriz. Lo culpaba a él en gran parte, pues era »
ㅤㅤㅤㅤㅤㅤ
ㅤㅤㅤㅤㅤㅤ—¿No lo hago ya? —Se burló. Los tres placeres que se barajaban eran placeres a los que se había acostumbrado mucho antes de su coronación. Si ahora tenía ese gesto de gracia, era porque sabía que el pueblo aplaudiría su acción y lo seguiría en las +
« pudieron hasta que el tiempo se suspendió junto a aquellos ojos que casi raspaban. —¿Ahora la Mano tiene ínfulas de Consejero de la Moneda? Ni que las arcas fueran suyas. —Habrían colgado a otra por menores desaires pero sabía cómo se sentía Aegon con respecto a su abuelo y »
Al escucharlo contravenirla, abrió la boca y con las mismas volvió a cerrar las fauces sobre la sonrisa que llevaba prendida. Pese a su carácter belicoso, su señor padre sabía cómo desmarcarse con tanta elegancia que nadie lo advertiría. Qué iba a haberle dicho a uno de sus »
—Hm. —Una sonrisa ladina le asomó a los labios cuando la tormenta salió en defensa de su señor padre. —A mí me sugirió cosas distintas. —El tuerto se deshizo pronto de la sonrisa, aunque su ojo brillante habló por sí solo. En silencio, cuestionaba a la Baratheon quién era el +
« agarrada a su ojo llegado el cúlmen de la cercanía, tomó una de las dichas tartaletas /picantes/ entre los dedos. Con la otra mano arrimó un platillo de mantequilla a las hierbas y untó un poco por encima. En un arrebato de furtividad, le ofreció el bocado a los labios mismos.»
« única vía para no fundirse bajo esa mirada suya. —Lo deseo muchísimo, Majestad. Tanto o más que volver a veros lucir la armadura. Pero, ¿qué deseáis vos?
La sonrisa le resbaló hacia un costado. El consenso esperable a favor de las justas no era nada desdeñable, pero estaba por ver cómo ponderaría el monarca la opinión de un puñado de caballeros y la de su amante, por más coincidentes que fueran.
—¿No lo desearías tú también? »
ㅤㅤㅤㅤㅤㅤ
ㅤㅤㅤㅤㅤㅤ—Y lo que querrían más de la mitad de los caballeros del reino. —La frase le salió floja, como si lo evidente de todo ese asunto le cansara, y se incorporó hasta quedar sentado al lado de su acompañante. Sus cabellos platinados, apenas unos segundos +
« antoje cuando el vulgo ya esté entre el éxtasis y la inconsciencia? —Le susurró, la idea tentadora puesta a danzar sobre su hombro. —El motivo es ver 𝘦𝘴𝘢 cara menos larga. —Otro toque de nariz en ascenso lo invitó a mirar su reflejo en las ventanas. La indirecta era la »
« demorar. Últimamente está muy solicitado. —Tras lanzarle una mirada elocuente se paseó, calma, junto al borde de la gran mesa. Localizó entre los platos, algunos huecos delatores. —¿Son de vuestro agrado? —Le preguntó sonriendo como si fuera una broma que solo ella entendía.
Lo cierto es que no tenía idea del paradero de Borros, mas era habitual que se presentase el último. —¿Os urge su presencia? —Floris se tomó la coquetería de interpretar apremio en el príncipe por quedarse a solas entre tormentas. —Alguna reunión de última hora lo habrá hecho »
—Lady Floris.
La saludó de inmediato, aunque se mostró arrogante y no le devolvió la mirada al instante. Un cosquilleo, leve pero persistente, aún le endulzaba los labios. En consonancia con su actitud, se sirvió una copa de vino y la sostuvo con una gracia +
« complacerle, eso debía saberlo. No tenía más que retroceder al tipo de ambiente en el que se conocieron. Si justas era lo que esperaba que decidiera, eso no lo sabía.
No habría sabido decir si en su mutismo Aegon estaba repudiando la idea del desfile o por el contrario considerándola. Creía conocerlo lo suficiente a aquellas alturas pero para ciertas cosas seguía siendo un enigma. Se dio por orgullosa con saber que no era la única que lo »
ㅤㅤㅤㅤㅤㅤ
ㅤㅤㅤㅤㅤㅤAegon escuchaba las sugerencias en silencio, adoptando una actitud ausente aún a pesar de estar teniendo en consideración los aportes de la Baratheon. La idea de un desfile por las calles de la ciudad había salido de unas cuantas bocas aquellos +
« alentaba a acercarse a su reino. Nada ganaría empecinándose en la negra miseria que provocaba la sola existencia de Rhaenyra.
Aunque clara, contuvo la respuesta, los labios apretados, cuando cayó sobre ella el escrutinio violeta. —Justa. Eso es lo que yo querría. —No era por »