Había empezado a irse, vuelta a su apartamento, al escuchar la primera frase. Rafe Cameron no iba a insistir.
Al escuchar la puerta que se habría, dio media vuelta y volvió a acercarse, tendiéndole ya desde la distancia una bolsa con bollería con chocolate. Era su modo de >
——estoy muy calmado, se nota que no me has visto nervioso.
Le daba igual si ella se quedaba o se iba, tenía muy claro que no quería malgastar su tiempo más con gente de su nivel. ——ponte cómoda, ya me voy yo.
——¿no te cansas de hablar? Me dices esa gilipollez de la cama, ¿qué te crees? ¿Que todo el mundo quiere acostarse contigo? Pues has llamado a la puerta equivocada. Me estás cansando y mucho.
——lo único que quiero es que me dejes en paz. ¿Es sencillo, no? Tú a la tuya, yo a la mía y coopera con quien te dé la gana pero no conmigo.
No siente absolutamente nada que no sea rabia y odio al mirarla. No entiende por qué lo siente pero no lo puede evitar.
—–no entiendo tu pregunta. apenas te conozco, solo de alguna copa que me has servido, eres una de ellos y finges que te caigo bien cuando no me conoces. ¿Qué te pasa a ti, Sofia?