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⠀⠀⠀⠀⠀⠀Me alegra que te encuentres ⠀⠀⠀⠀⠀⠀bien. Por mi parte el día ha ⠀⠀⠀⠀⠀⠀estado tranquilo, entrenando ⠀⠀⠀⠀⠀⠀con los X-Men en la sala del ⠀⠀⠀⠀⠀⠀peligro únicamente. ¿Y qué tal ⠀⠀⠀⠀⠀⠀va tu día?
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exterminar a toda clase de vida en la tierra. Las grandes ciudades fueron las primeras en perecer, pero después destruirte ecosistemas enteros. Los pocos que sobrevivimos vivimos en un yermo que poco a poco nos mata.
La calma de Jean era inspiradora, y si tras aquel ataque ella estaba dispuesta a escucharlo, era una señal de que debía confiar en ella tal y como ella lo estaba haciendo en él, a pesar de que fuese a la causante del fin del mundo en el futuro.
— Está bien, discúlpame (...)
El destello cegador del plasma se extinguió en el aire antes de rozarla, disipado por un escudo invisible. Jean no contraatacó; mantuvo los ojos fijos en él, leyendo el eco desesperado de su mente y el peso de una urgencia que superaba la simple hostilidad.
por atacarte sin intentar hablar. Estaba desesperado, cuando llegué aquí recién acababa de escapar de... Tí misma, pero del futuro. — El mutante se tomó una larga pausa para regular su respiración. — Por alguna explicación perdiste el control del fénix, y empezaste a (...)
— Puede que tengas razón, pero es una distracción maravillosa. — Casi como un pistolero del viejo oeste, el mutante desenfundó una de sus pistolas de plasma de la funda que colgaba en su cinturón. Disparó una gran ráfaga de munición hasta que el arma se sobrecargó (...)
El sordo zumbido del plasma cargándose resonó en su mente como un insulto mundano. Sin mover un solo dedo físico, Jean proyectó una densa y aplastante fuerza telequinética sobre la espalda del viajero, asfixiando el núcleo de su arma hasta apagarla de golpe.
— Es bueno encontrarte, Jean... Es justo a tí a la que necesito. ¿Puedes venir para hablar cara a cara. — Comentaba el mutante de manera un poco agitada. Quizás inocentemente, iba activando su arma plasma futurista que estaba en su espalda, esto con unos leves toques.
Casi como en una película de terror, las puertas de la mansión se abrieron solas, y el mutante aprovechó para entrar, esto solo para luego ser abordado por la voz de Jean, que aún no podía distinguir si sonaba únicamente en su mente o se comunicaba verbalmente con él. (...)
El caótico y ensordecedor ruido de su mente alterada repicó en el córtex cerebral de la telépata mucho antes de que el primer golpe físico impactara contra la madera. Sin molestarse en abandonar su asiento, Jean aplicó una letal y sutil presión invisible con su mente.