Con las manos entrelazadas frente a ella, da un pequeño paso hacia un lado para dejar libre el camino que conducía al interior del santuario.
—Si quieres, puedo enseñarte el lugar. No es muy grande, pero creo que tiene un encanto especial.
Lo observó en silencio durante unos instantes. Aún después de convencerse de que no era aquella persona, el parecido seguía inquietándola. Sacudió apenas la cabeza, como si quisiera espantar esa fugaz confusión, y volvió a sonreír con la calidez que la caracterizaba.
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── Lo es, seguro. Aunque debo admitir que es mi primera vez en uno.
Desvió la mirada por un momento, atrapando el pétalo de cerezo entre índice y pulgar. Había sido un milagro que no hubiese salido volando en ese breve lapso.
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Sus ojos descendieron hasta el pétalo que sostenía entre los dedos.
—Entonces elegiste un buen lugar para la primera vez. Los cerezos siempre recibirán bien a quienes llegan con el corazón abierto.
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La escena le arrancó una tenue sonrisa. Había algo extrañamente sereno en la forma en que el desconocido sostenía aquel pétalo, como si estuviera contemplando un recuerdo perdido. Sin embargo, al alzar un poco más la vista y distinguir con claridad su rostro, su expresión se
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Al tiempo en que su figura subió la última escalera, alzó la diestra para atrapar sobre la palma uno de aquellos pétalos de cerezo que danzaban en el aire.
Parpadeó, casi con la inocencia de alguien que no ha conocido la belleza antes, o que ya ha olvidado cómo era.
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quebró por un instante.
Sus ojos se abrieron con sorpresa. El parecido con cierta persona era tan inquietante que su corazón dio un vuelco, aunque bastó un segundo más para comprender que no era él.
Nanami dejó escapar un suspiro casi imperceptible, relajando los hombros
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