Arte, ecología, naturaleza. Ser vivo, empática con las demás formas de vida.
Amante de la Historia, para entender por qué hemos llegado aquí de esta guisa.
Hay decisiones políticas que pueden discutirse. Y hay decisiones que retratan perfectamente cuáles son las prioridades de quienes las toman.
El @GobAsturias anuncia que permitirá abatir hasta 67 lobos a partir de septiembre, dentro del II Plan de Gestión del Lobo.
¿Y a esto le llaman conservación?
Resulta difícil encontrar una contradicción mayor: un Gobierno que dice querer conservar al lobo y, al mismo tiempo, prepara su eliminación mediante aguardos, recechos y batidas.
Pero hay algo todavía más preocupante.
No es solamente una decisión de la @FSA_PSOE . Es una responsabilidad compartida por un Gobierno de coalición en el que también participa @IUgrupoJGPA . Y cuando una organización que históricamente ha defendido la protección de la naturaleza comparte responsabilidades de Gobierno con quienes impulsan estas medidas, el silencio deja de ser una postura neutral: se convierte en complicidad política.
No basta con ponerse la etiqueta de ecologista en unas ocasiones y mirar hacia otro lado cuando toca gobernar.
No basta con hablar de biodiversidad, emergencia climática o protección de los ecosistemas mientras se acepta que decenas de lobos sean convertidos en simples cifras de un cupo administrativo.
Porque 67 lobos no son 67 números.
Son individuos. Son grupos familiares. Son territorios. Son animales que cumplen una función ecológica en los ecosistemas naturales.
No estamos ante una medida que surja de la nada. El anterior programa asturiano de control fue anulado judicialmente: el TSJA declaró contrario a Derecho el programa 2025-2026 que contemplaba matar hasta 53 lobos.
Ahora la administración de @AdrianBarbon con el consejero mata lobos @Marcelotineo al frente, vuelve a la carga con un nuevo marco normativo y un cupo todavía mayor.
De 53 a 67.
Ese es el mensaje.
Cuando la Justicia pone límites, se cambia la norma. Cuando la conservación exige prudencia, se aumenta el cupo. Y cuando la ciencia debería estar por encima de los intereses políticos, se vuelve a recurrir al rifle.
Asturias merece mucho más que esto.
Merece una política de fauna basada en conocimiento científico, prevención, coexistencia y protección de los ecosistemas. No una política que presente la muerte de animales salvajes como si fuera una herramienta rutinaria de gestión.
Y a quienes gobiernan desde posiciones diferentes pero comparten esta responsabilidad les digo lo mismo:
No vale esconderse detrás de la disciplina de Gobierno. No vale mirar hacia otro lado. No vale decir que la competencia corresponde a otra consejería.
Si formas parte del Gobierno que autoriza la muerte de 67 lobos, tienes una responsabilidad política sobre esa decisión.
Y si no estás de acuerdo, tienes la obligación de demostrarlo.
Porque dentro de unos años nadie recordará las excusas, las reuniones ni los comunicados.
Recordaremos que en 2026, mientras Asturias presumía de naturaleza y biodiversidad, su Gobierno decidió que 67 lobos podían convertirse en víctimas de una política de gestión profundamente cuestionable.
No es conservación matar lobos para gestionar lobos.
La verdadera conservación empieza cuando dejamos de tratar a la fauna salvaje como un problema que hay que eliminar.
Asturias no necesita 67 lobos menos. Necesita una política ambiental mucho mejor.
El mensaje puede resultar incómodo, pero es necesario decirlo: quien defiende un territorio sin lobos, o pretende reducir su población hasta dejarla a su medida, también debería asumir las consecuencias de rechazar todo aquello que procede del modelo productivo que se presenta como inseparable de ese territorio.
Y en Asturias, este debate cobra todavía más fuerza.
Durante décadas, el @GobAsturias ha utilizado el control letal del lobo como respuesta a las presiones del sector ganadero más radical. Ahora vuelve a dar un paso más: ha anunciado nuevas actuaciones que podrían acabar con la muerte de hasta 67 lobos a partir de septiembre.
67 animales no son una cifra abstracta. Son individuos eliminados de una población que ya soporta fragmentación, mortalidad y múltiples amenazas.
El lobo no necesita demostrar que es útil para merecer existir.
No necesita justificarse ante nosotros, ni aportar beneficios económicos, ni pedir permiso para ocupar el territorio que durante miles de años compartió con el resto de especies. Su derecho a vivir no depende de lo que pueda darnos, sino de algo mucho más sencillo y profundo: forma parte de la naturaleza y tiene derecho a seguir formando parte de ella.
Hace más de medio siglo, el Grupo de Especialistas del Lobo de la UICN ya lo expresó con claridad: el lobo, como todo animal salvaje, tiene derecho a existir en su estado natural y a coexistir con nosotros como parte integrante de los sistemas ecológicos.
En 1973 ya se entendía algo que todavía hoy algunos se niegan a aceptar.
El lobo no es una pieza que podamos eliminar cuando molesta, ni una herramienta que debamos conservar únicamente cuando nos resulta útil. Es un depredador esencial, una pieza del equilibrio ecológico y un símbolo de una naturaleza que todavía conserva algo de libertad.
Proteger al lobo no es hacerle un favor. Es asumir nuestra responsabilidad.
Porque cuando una sociedad necesita encontrar razones para permitir que una especie salvaje siga viviendo, quizá el problema no esté en el lobo.
Quizá esté en nosotros.
Adiós a Marcos, el niño que encontró una familia entre lobos 🐺
Hoy se apaga la vida de Marcos Rodríguez Pantoja, el niño lobo de Sierra Morena. Tenía 80 años y falleció en Rante, Ourense, el lugar que había elegido como hogar para sus últimos años y donde quería que permanecieran sus cenizas.
Pero su historia no debería quedarse en la leyenda de un niño que vivió con lobos. Detrás de aquella historia extraordinaria hubo un niño abandonado, maltratado y condenado a sobrevivir en una naturaleza que terminó convirtiéndose en su refugio.
Durante más de una década vivió en Sierra Morena, lejos de los seres humanos y acompañado por los animales. Allí aprendió a sobrevivir, a conocer el monte y a comunicarse con los lobos. Años después, cuando regresó a la sociedad, nunca dejó de recordar aquel tiempo como la etapa más feliz de su vida.
Quizá por eso Marcos siempre miró a los lobos de una manera diferente. No los veía como monstruos ni como enemigos. Los recordaba como parte de su familia, como aquellos animales que estuvieron a su lado cuando los seres humanos le habían dado la espalda.
Su vida nos deja una pregunta incómoda: ¿quién fue realmente salvaje?
¿Los lobos que acogieron a un niño perdido en la montaña?
¿O los seres humanos que permitieron que aquel niño fuese abandonado a su suerte?
Marcos se marcha, pero su historia permanece. Permanece en Sierra Morena, en Rante, en quienes le conocieron y, sobre todo, en la memoria de aquellos lobos que él nunca dejó de considerar su familia.
Que corras libre, Marcos.
Que vuelvas a caminar por aquellos montes. Y que, dondequiera que estés, vuelvas a escuchar el aullido de aquellos que un día te enseñaron que también se puede sobrevivir con cariño.
Descansa en paz, niño lobo. 🐺🖤
13 de Agosto, Día Internacional del Lobo. Su protección legal en España es fundamental para garantizar su conservación. Mientras se siga permitiendo la muerte de esta joya de nuestra fauna, poco que celebrar. #InternationalWolfDay.
#Diainternacionaldellobo.
El 13 DE AGOSTO · DÍA MUNDIAL DEL LOBO.
Hoy no celebramos solamente a una especie. Celebramos todo lo que representa.
El lobo forma parte de nuestra historia, de nuestros paisajes y de los ecosistemas que todavía conservan la capacidad de funcionar de manera natural. Es un depredador imprescindible, una pieza fundamental del equilibrio ecológico y un símbolo de la naturaleza salvaje que aún sobrevive entre nosotros.
Pero proteger al lobo no significa ignorar los conflictos. Significa afrontarlos con conocimiento, prevención, ciencia y responsabilidad. Significa buscar la convivencia y no convertir la muerte de animales en la primera —ni en la única— respuesta.
👉🏻Porque el lobo no es el problema.
El problema es una gestión basada en intereses, prejuicios y decisiones que demasiadas veces olvidan que la biodiversidad no pertenece a unos pocos.
Hoy, 13 de agosto, recordemos algo sencillo:
🐺 Sin lobos, perdemos mucho más que lobos.
Perdemos equilibrio, biodiversidad, patrimonio natural y una parte de nuestra propia identidad.
Proteger al lobo es proteger la vida.
Proteger al lobo es proteger la naturaleza.
Proteger al lobo es proteger nuestro futuro.
🌿 CONVIVENCIA RESPETO CIENCIA CONSERVACIÓN FUTURO 🐺
#DíaMundialDelLobo #LoboIbérico #CanisLupusSignatus #Conservación #Biodiversidad #ProtejamosAlLobo
Me pregunto qué sentirán hoy con la oscuridad inesperada y fugaz.
Me gustaría saber más sobre los olvidados que nos acompañan y que viven en primera línea de vida.
Lo que estoy seguro es que ninguno se quemará hoy la retina.
Hay algo que debería ser incuestionable: la conservación de una especie no puede construirse sobre cifras dudosas, metodologías cuestionables o interpretaciones interesadas de los censos.
Nos dicen que hay más lobos. Que los grupos familiares aumentan. Que la especie está recuperándose. Y con ese relato algunos pretenden justificar controles, desprotecciones y una menor exigencia en su conservación.
Pero una cifra no se convierte en verdad simplemente porque se repita.
El último censo contabiliza 333 manadas, frente a las 297 anteriores. El dato parece contundente, pero incluso organizaciones conservacionistas han advertido de carencias metodológicas que obligan a tener cautela a la hora de comparar ambos censos.
Y aquí está la cuestión fundamental:
¿Estamos contando lobos o estamos construyendo una cifra que resulte políticamente conveniente?
Porque una cosa es detectar más grupos y otra muy distinta demostrar que la población se encuentra en un estado de conservación favorable.
Una especie puede aumentar localmente y seguir teniendo problemas de fondo: mortalidad elevada, persecución ilegal, fragmentación del territorio, pérdida de diversidad genética y una población reproductora insuficiente.
Por eso el debate no debería ser «¿cuántos lobos podemos matar?», sino:
¿cuántos lobos necesitamos para garantizar una población realmente viable, conectada y genéticamente saludable?
La ciencia debe estar por encima de los intereses políticos y sectoriales.
Porque si primero decidimos que queremos matar lobos y después buscamos las cifras que permitan justificarlo, eso no es gestión de la fauna.
Es política disfrazada de ciencia.
Y el lobo no necesita censos inflados ni relatos interesados.
Necesita algo mucho más sencillo:
datos rigurosos, transparencia, seguimiento científico independiente y una política de conservación que ponga la supervivencia de la especie por delante de quienes quieren convertir cualquier aumento aparente en una licencia para matar.
🐺 No se conserva una especie contando lo que interesa. Se conserva conociendo la realidad.
Ellos no provocaron el incendio. No eligieron perder su hogar. No entienden por qué el bosque donde nacieron se convirtió en cenizas.
Mientras nosotros discutimos responsabilidades, ellos solo conocen el miedo, el humo y la pérdida. Cada incendio arrasa mucho más que árboles: destruye refugios, mata fauna, rompe cadenas ecológicas y deja un paisaje silencioso donde antes había vida.
El ciervo, el conejo, el zorro... y también el lobo entre otras muchas especies son víctimas de una tragedia que casi siempre tiene origen humano.
Proteger los montes no es solo salvar árboles. Es defender la vida de quienes no tienen voz y garantizar que nuestros bosques sigan siendo un hogar, no un cementerio.
¿Qué soñarán los pequeños linces cuando cierran sus ojos?
Quizá sueñen con correr entre jaras y encinas, con explorar un mundo que apenas empiezan a conocer.
Un instante de calma y ternura que la naturaleza nos regala, si sabemos mirar.
Extremadura, naturalmente.
Hoy se han ido los vencejos.
A veces pienso que ni los vemos ni los oímos; simplemente están ahí, girando alrededor del campanario, rozando el alero del tejado, sobrevolando nuestras vidas, hasta que una mañana, como la de hoy, el silencio nos recuerda que se han marchado.
Entonces descubres que el cielo sigue siendo el mismo, pero ya no suena igual.
Buen viaje, pequeños viajeros. Ojalá el viento os devuelva al mismo alero y al mismo campanario cuando vuelva la primavera.
¿Todavía no tienes plan entre el 13 y el 16 de agosto? Te proponemos unas jornadas monográficas sobre el lobo de unas 40 horas de contenidos y en una zona de referencia para esta especie. Quedan cuatro plazas libres.
https://t.co/gL2JtSmQQe
Mañana calurosa, el Herrerillo Común se da un buen baño, la limpieza del plumaje es fundamental para las aves y entre la vegetación una de las joyas de escasos entornos lacustres, el enigmático Bigotudo #pajarisiaco
El Chorlitejo Patinegro ha sacado adelante un pollo, no sólo cría en los litorales, también en humedales de interior, celebro que haya nidificado, en los árboles que circundan otra gran sorpresa, el más diminuto de nuestros pájaros carpinteros, el Pico Menor #pajarisiaco
Cuando arde un bosque, no solo desaparece el hogar del lobo. También se pone en riesgo el equilibrio ecológico que sostiene a cientos de especies de fauna y flora. Proteger los bosques es proteger la biodiversidad, el clima y nuestro propio futuro.
Cada incendio intencionado es un golpe contra la naturaleza y contra la sociedad. No basta con apagar las llamas: hay que prevenirlas, perseguir a quienes las provocan y apostar por una gestión del territorio basada en la ciencia y la conservación. Porque cuando queman el monte, nos queman el futuro.
Y ahora,una vez que haya pasado todo¿quien la devuelve la paz al lobo? y quien,el sosiego a la tarabilla?...los montes se queman y se llevan entre las llamas,a nuestra fauna mas querida.
Que se viene otra ola de calor cuando aún no hemos ni salido de la anterior.
Ojalá alguien hubiera avisado a tiempo de prepararnos.
Ah, y el peor El Niño de la historia apenas ha comenzado.
Los próximos meses van a ser muy duros, y decisivos. Adaptación radical o barbarie.