Es triste que las lágrimas que derramé sobre tu pecho
fueran por el dolor que me causabas,
y que tus propias manos tuvieran que secarlas.
Hoy solo me queda sentir tu piel tocando la mía con el amor que tenemos y no podemos demostrar.
Extraño tu manera paciente de escucharme,
tu mordida en el cachete y los gemidos de boca a boca. Tan maduro y tan centrado... pero nos perdimos.
Mi error es ser inmadura, tu error es tener el ego tan alto.