No mires para otro lado. Todas tenemos o conocemos una amiga como Lourdes. Todas y todos debemos actuar como Lissa. Te prefiero enojada, pero con vida.
“Lo manejaste muy bien”. No, no lo hice. Enloquecí, perdí mi chispa, lloré en silencio; me rompí a solas y llevé una sonrisa que mentía mejor que cualquier máscara. No lo manejé, lo sobreviví, porque no tenía otra opción.