Porque ver la transmisión de Los Fundamentalistas ayer no fue suficiente, ahora estamos los dos viendo la repe en distintas habitaciones. Si hay algo que somos en esta casa, es termos de lo que nos apasiona.
La derecha argentina no entiende que para tener un funeral masivo quizás la cuestión radique en no cagar de hambre a las multitudes de este país o no pensar que merecen mierda en lugar de cultura, belleza y poesía.
@sarsiana_ Jajajajj, ayer en medio de mi crisis hablé con ustedes y otro grupo de amigas sobre esto y a la tarde empecé a recibir mensajes preguntándome si era yo la del tuit, una vergüenza
Y mis amigos se enteraron de la peor forma. 🥹
Nosotros sólo queríamos estar a la altura de tan hermoso día pero me cuestan las fechas.
Agradezco que hayamos podido llegar a tiempo para compartir con ellos uno de los momentos más lindos que haya presenciado jamás. ❤️
Los Redondos empezaron en dictadura y crecieron en los 80. Pero la misa ricotera simboliza a los 90. Los otros 90. Los 90 que llamaban a encontrarse mientras la tele pasaba publicidades de jubilación privada. Los 90 que invitaban a pensar mientras la tele vendía pizza y champagne. Los 90 que invitaban a hacer kilombo mientras la política hacía pactos de Olivos y repartía prebendas. Los Redondos (incluyendo a su público) son el 2001 antes del 2001. Son potencia mancomunada en tiempos de individualismo. Son la historia antes de la historia. Y después también.
Algún día habrá que poner todo el presupuesto del Conicet en estudiar la mística que tiene este país. Que locura, como te vas a querer ir a vivir a otro lado hermano?
Lo que no soportan es que un tipo se haya hecho millonario en un camino independiente sin chuparle el culo a nadie, sin transar con su proyecto estético, sin cambiar su ideología ni visión, y sin gastar esa guita en las vulgaridades genéricas que suelen comprar los ricos
Qué decir.
Conocí al Indio en 1984. Fui a hacerle una entrevista a Los Redondos (también estaban Skay y la Negra Poli) para El Porteño. Enrique Symns me había hecho el contacto. Era un sábado a eso de las 7 de la tarde. Llegué y la negra Poli me preguntó si prefería fernet puro o cerveza con vodka, los únicos alcoholes que tenían en el departamento.
Así comenzó una amistad que duró unos 6 años (se distanció cuando pasaron a los estadios y la fama absoluta y yo ya no pude seguirles el paso por esa locura; aunque lo vi al Indio a comienzos de este siglo en el Centro porteño, de casualidad -iba muy camuflado pero lo reconocí, lo llamé y nos fuimos a tomar un café- y también vi a Poli y Skay varias veces en Palermo y ellos están igual que en mi recuerdo de hace 40 años).
Esa entrevista (que apareció en el número de diciembre de 1984 en El Porteño) terminó antes de una hora, pero nos quedamos charlando hasta las 8 o 9 de la mañana del domingo. Desde entonces y por varios años nos vimos con mucha frecuencia. Me subí a la camioneta con la que íbamos a los recitales de los amigos (por ejemplo, a ver al pelado Luca en algún show de Sumo).
En 1987 y 1988 llevé a Symns a Fin de Siglo y el Indio venía seguido a la redacción (Vera Land lo entrevistó ahí alguna vez, también escribió una columna, le gustaba lo que hacía El Monstro Punk en la revista).
Los Redonditos de Ricota fueron desde el comienzo una familia "mafiosa" (en el sentido cariñoso, sí, cariñoso del término). Uno entraba ahí y ya era parte de una cofradía, era un mundo que te integraba y te abrazaba y te enloquecía y te enriquecía.
Fueron 6 años vertiginosos de mi vida. Recién pude comprender algo de lo que había pasado ahí cuando me bajé de la furgoneta y miré desde afuera: a pesar de la lucidez descarnada había esperanza. Fue hermoso (mientras duró).
El Indio hablaba como escribía. No es que cada frase fuera como las letras de sus canciones, pero sí que esas frases cotidianas tenían el fraseo, el ritmo de sus poemas. Los neologismos en los que ensamblaba partes del inglés con el castellano estaban en su habla cotidiana, en cada ocurrencia.
El Indio era cariñoso y sonreía. El Indio que yo conocí era esencialmente un hombre bueno, muy dado a sus amigos.
El Indio era un hijo de la educación pública, de las instituciones del siglo XX (su padre había sido jefe de correos en La Plata). Criado en una casa de clase media con los libros que tenían la clase media a mitad del siglo XX y con los sueños de un joven rebelde de los 60: los beatnik (ante todo Kerouac y Burroughs, pero en poesía Ginsberg) y Rimbaud, el eterno joven de la poesía infinita.
Vamos a brillar Indio.
Al menos entre mis lágrimas te veo brillando. Sonriendo feliz de haber transitado el arduo camino a la nada.