Nuestra ayuda a los menos afortunados les permite experimentar el amor de Dios y les abre un camino para establecer una relación duradera con Él. Al mismo tiempo, nos permite entrar en contacto con la carne de Cristo, cuando tratamos de verlo y servirlo en nuestros hermanos y hermanas (Mt 25, 31-46). De este modo, nuestras obras de caridad se convierten en un encuentro recíproco con el Señor presente entre nosotros.
@MrDiegoPerez11 Bien dicen que los que mas rezan son porque necesitan mas ayuda para conrtolar su ira, avaricia, etc., no precisamente que sean come santos y c*** siablos