No te falta serotonina ni dopamina. Te faltan vacaciones, estabilidad económica y condiciones laborales que no te obliguen a sobrevivir de lunes a viernes.
De aquel viejo salón donde la audacia se sentó a la izquierda y la tradición a la derecha, nació el eco de una revolución que, entre luces y sombras, derribó coronas para recordarnos que el destino de un pueblo siempre se escribe con la fuerza de su propia libertad.
Yo creo que mi gato ha sido el mas FELIZ del mundo con mi cambio de trabajo... ahora nos vemos mucho tiempo y vigila que trabaje juiciosa para su comida.
Hoy mientras salía del hospital de un chequeo, vi a una joven caminando lentamente con su bebé recién nacido, adolorida e incómoda. A su lado iba un adulto mayor, que parecía más que su pareja su abuelo. Yo caminaba hacia un taxi; ellos caminaban hacia una parada de bus, un bus de Calasans
Y recordé que mis padres hicieron algo muy parecido cuando nació mi hermana mayor. Mi mamá ya había roto fuente en casa y aun así tuvieron que tomar un bus para llegar al hospital. Sí un bus!
Quienes trabajamos en salud sabemos que, en algunas circunstancias, los minutos importan. Sabemos que no todas las gestaciones tienen los mismos riesgos y que no todas las emergencias esperan.
Pero también sabemos que millones de personas siguen haciendo lo único que pueden hacer: tomar transporte público, esperar turnos, recorrer largas distancias y vivir la enfermedad desde la incomodidad y la incertidumbre.
A veces hablamos de desigualdad como una cifra, un indicador o una brecha estadística. Pero la desigualdad también es esto: quién puede llamar una ambulancia y quién debe esperar un bus. Quién puede pagar una atención complementaria y quién debe conformarse con lo disponible. Quién vive una emergencia con tranquilidad y quién la enfrenta con angustia.
No es una crítica. Es una invitación a recordar que muchas de las cosas que algunos consideran normales o garantizadas siguen siendo privilegios para otros, y lo peor es que como nunca han visto la precariedad creen que no existe.
Porque a veces se nos olvida o quizás nunca lo han vivido, lo que significa realmente vivir en un país desigual, sí el segundo más desigual de América Latina y uno de los 5 más desiguales del mundo.