[Hoy en la oficina: el café se derramó, pero el compaero me ayudó a limpiarlo. Ahora compartimos un helado de vainilla para compensar el lío. Un pequeo desastre, un gran momento!]
Caminar por las calles adoquinadas de Sevilla al atardecer, con el aroma de naranjos y el sonido de guitarras flamencos, es un pedacito de cielo que llevo en el corazón.