"El cielo es el espacio de Dios; la tierra es nuestro espacio. Jesús es el punto donde ambos se encuentran".
📌 Venga a nosotros Tu Reino — Sergio Thomás Ávila
#ElAdnDeDios
Me viste antes de que naciera. Cada día de mi vida estaba registrado en tu libro. Cada momento fue diseñado antes de que un solo día pasara.
Salmos 139:16
📌 Ahora veo al Dios que me ve - Germán Mariño y Laura Villate
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Hola, paso por aquí para decirte algo importante:
Si eres cristiano y sientes que estás librando una batalla en tu alma contra algo que no puedes vencer con tus fuerzas ni con tu disciplina cristiana, podrías necesitar liberación.
Podría ser que un espíritu inmundo esté operando en áreas oscuras de tu alma que aún no están en la luz, sanadas o bajo el señorío de Cristo. Aunque tu espíritu está unido al Espíritu de Cristo, tu alma y tu cuerpo aún sufren las consecuencias de la caída.
Pero no te asustes: progresar en tu libertad es parte del proceso de santificación de tu alma.
Quizá necesites confesar algo, arrepentirte de algo, renunciar a algo y recibir la oración de tus hermanos. Cuando la luz se encienda en esa área de tu alma, las tinieblas se desvanecerán.
No creas a los “cristianos de biblioteca” que te hacen pensar que si tienes una batalla espiritual interna es porque Cristo no mora en ti.
Están equivocados.
¡Ánimo!
Busca la ayuda de hermanos maduros en tu iglesia local que te acompañen rumbo a la libertad plena en Cristo.
Un cristiano no puede estar poseído por un demonio, porque su espíritu ha sido sellado por el Espíritu Santo y pertenece completamente a Cristo. Está bajo posesión divina, no demoníaca.
Sin embargo, eso no significa que no pueda experimentar opresión, influencia o actividad demoníaca en ciertas áreas de su alma.
Cuando un creyente mantiene zonas de rebelión no rendidas a Dios, cree mentiras como si fueran verdad, arrastra heridas no sanadas del pasado, guarda rencor contra alguien, o ha participado en prácticas ocultas o pactos espirituales (entre otras), esas "áreas" en su alma pueden permitir la operación de espíritus inmundos, es como si el enemigo encontrase "un lugar" en la vida del creyente.
No se trata de que el demonio posea su espíritu, sino de que ocupa un "territorio" en su alma o su cuerpo.
¿Dónde exactamente se alojan esos demonios en un creyente?
La Biblia no lo detalla con precisión, y por eso prefiero decir que es un misterio.
Pero lo que no es un misterio —porque lo vemos continuamente en la práctica pastoral— es que sí pueden estar en un creyente, y sí deben ser expulsados para que el creyente viva en completa libertad.
Por eso creo firmemente que la liberación forma parte del discipulado cristiano. A medida que el creyente crece en la verdad, el Espíritu Santo va iluminando y limpiando áreas de su vida que antes estaban bajo influencia del enemigo. Este proceso hacia la libertad suele incluir ministración, confesión, perdón, sanidad interior y expulsión de espíritus inmundos.
Esto no contradice la responsabilidad personal que cada creyente tiene de crucificar su carne.
La carne no se expulsa; se crucifica.
Los demonios no se crucifican; se expulsan.
Por eso, liberación y disciplina espiritual van de la mano: oración, ayuno, lectura de la Palabra, servicio, humildad y rendición constante ante Dios. Así el creyente avanza hacia la libertad plena en Cristo, renovando su mente y afirmando su victoria sobre las tinieblas.
Realmente, cualquiera que salga de su biblioteca y comience a hacer pastoral con personas recién convertidas, se dará cuenta de que este asunto es real y debería estar vigente en el discipulado de la Iglesia local.