Qué manera tan injusta de soltar a alguien: dejar que el desinterés, la distancia y la frialdad hagan todo el trabajo, hasta que la otra persona se canse de sostener algo por su cuenta y no le quede más que marcharse.
Qué privilegio poder correr, pagar un gimnasio, comprar comida saludable, tener trabajo, pagar las cuentas, tener piernas que caminan, ojos que ven y una mente que funciona.
En el #EvangelioDeHoy (Mt 18, 21-35) Jesús nos recuerda que el don y el perdón son la base de nuestra existencia. Todo nos lo da Dios por puro amor, y ninguno de nosotros puede decirse perfecto a la hora de responder a tanta bondad. Por eso, la gratuidad, que es la fuente de nuestra propia vida, es también la mejor regla para nuestra convivencia.