12. Las enfermeras también lloran.
Conocen los nombres, las historias, las rutinas familiares y los pequeños detalles personales de cada paciente. Lloran en las salas de descanso, en el parking y en los trayectos a casa. Luego vuelven a la mañana siguiente y lo hacen todo de nuevo, porque alguien tiene que hacerlo, y ellas decidieron tener esa carga en la vida y ser esa persona.
11. Lo que casi nunca dicen las familias, pero casi siempre deberían, es simplemente esta: está bien partir.
Esas tres palabras, dichas en voz alta, hacen algo que la medicina no puede explicar y las enfermeras lo han presenciado más veces de las que pueden contar.