Las designaciones “Padre”, “Hijo” y “Espíritu Santo”, son también llamadas modos de subsistencia, y revelan las propiedades personales que distinguen a cada miembro de la Trinidad de los demás.
La Trinidad consiste en que Dios es absoluta y eternamente una esencia que subsiste en tres personas distintas y ordenadas, sin división y sin replicación de la esencia.
La voluntad decretiva de Dios corrobora todas las cosas, pero no coacciona a sus criaturas para que hagan algo, de hecho decreta las elecciones libres de los hombres.
La voluntad decretiva de Dios: Algunos la han denominado “voluntad secreta” de Dios y aunque su magnitud está oculta, se revelan aspectos de ella.
Es el beneplácito de Dios, su consejo o decreto eterno, inalterable en el cual ha predestinado todas las cosas.
Las declaraciones sobre ver a Dios y su rostro en el futuro deberían interpretarse en relación a una visión espiritual comparativamente mayor de la revelación que Dios hace de sí mismo, y no una visión física de su esencia.
A lo largo de la historia del pensamiento, muchos
han aseverado que Dios tiene un poder absoluto en el sentido de que puede hacer cualquier cosa, lo cual incluye pecar, sufrir, morir, convertirse en una piedra o en un animal, transformar pan en el cuerpo de Cristo, etc.
Las Escrituras afirman que hay cosas que Dios no puede hacer ya que ello contradeciría su carácter o su voluntad revelada y estas son:
1.- Arrepentirse
2.- Mentir
3.- Negarse a sí mismo
4.- Ser tentado
5.- Cambiar en su esencia, propósitos o promesas
La eternidad de Dios significa que Él es distinto del tiempo, aunque no está totalmente separado de él, sino presente (inmanente) en cada momento, controlándolo para sus propósitos y gloria.