Uno de los secretos mejor guardados del casting de The Boys es que el Patriota (Homelander) definitivo estuvo a punto de ser otro, y que el actor que hoy todos veneramos casi rechaza el papel porque pensaba que la serie era "una estupidez".
El villano que ha redefinido el cine de superhéroes iba a tener una cara muy distinta. Durante la fase de casting, Amazon barajó nombres muy alejados de la estética final.
El favorito inicial de muchos fans era James Marsden (Cíclope en X-Men), buscando ese aire de "boy scout" clásico americano.
Cuando el guion llegó a manos de Antony Starr, su primera reacción fue mandarlo a la basura. El actor neozelandés estaba cansado de los castings de Hollywood y, al leer una premisa sobre superhéroes corruptos, pensó: "Nadie va a ver esto, es una estupidez, no me van a coger". Estuvo a punto de no enviar su vídeo de audición.
Fue su agente quien le insistió para que grabara la prueba en la cocina de su casa, casi sin ganas. Eric Kripke vio en esa desgana y en esa mirada fría exactamente el punto psicópata, incómodo y narcisista que necesitaba el personaje. Starr firmó sin saber que cambiaría su carrera.
Si hoy tenemos a uno de los villanos más icónicos, perturbadores y magnéticos de la historia de la televisión, no fue solo por los cómics, sino por una audición grabada a regañadientes en una cocina que salvó a la serie de ser una parodia más.
Ahora que acabamos de vivir su gran final, ¿Habría aguantado #TheBoys tantas temporadas con un Patriota más convencional, o Antony Starr es el 90% del éxito de la serie?