Hay noches…
en que el corazón no alcanza.
Pero también hay noches…
en que una generación descubre que ya no le tiene miedo al escenario.
Chivas se quedó en la orilla…
pero encontró algo más peligroso:
la convicción.
Porque “la fe es la certeza de lo que se espera…
la convicción de lo que no se ve.”
— Hebreos 11:1
Y a veces…
la verdadera victoria es no perder jamás el espíritu.
#Chivas #LigaMX
Los acuerdos son válidos solamente cuando todas las partes los respetan. Le instruí a la Dirección Deportiva que nuestros jugadores se reporten mañana en las instalaciones del club.
Muestra que el futbol es mucho más que un deporte.
Chicharito anota, el que posiblemente es su último gol con Chivas.
En cómo anota, es rodeado, se dirige a la afición y besa el escudo rompiendo en llanto...
Una imagen para la historia del futbol mexicano
La expresión “que sea lo que Dios quiera” tiene mucha más chicha de la que pensamos.
La mayoría de las veces, cuando nosotros queremos algo, no sabemos ni por qué lo queremos. Da igual que sea un anhelo, un deseo heredado, un desplazamiento de otro deseo que desconocemos o un capricho momentáneo. Creemos que queremos cosas y desconocemos la raíz de ese deseo.
Y por eso es muy común que ocurra lo de acordarnos de “aquella cosa” que queríamos en 2017 en contraposición a esa “otra cosa” que acabamos recibiendo en su lugar y, en retrospectiva, darnos cuenta de que nos vino mejor recibir la “otra cosa” en vez de “la cosa que deseábamos en primer lugar”.
Ejemplo sencillo y genérico que he escuchado varias veces: “No me llegó la nota para estudiar la carrera que quería y eso hizo que me deprimiese, me mudase al extranjero para trabajar y allí conociese a la que ahora es mi actual mujer y la madre de mis hijos.”
Lo que está claro es que no sabemos lo que queremos y mucho menos lo que necesitamos.
Es por eso por lo que ya hace un tiempo que decidí preferir “lo que Dios quiera” antes que “lo que yo creo que quiero”.
De mí nunca me voy a poder fiar al 100%. Sin embargo, apostar por el devenir de la propia vida y la realidad última es siempre una apuesta ganadora.
Dios acomodará lo que verdaderamente mereces en la silueta de tu rendición ante Él. Confíale tu vida y vencerás.