⚽️ BOUNOU: “Si nos hubiésemos parado como Paraguay 🇵🇾, hubiésemos aguantado más”
Marruecos 🇲🇦 no fue ni la sombra de lo que fue la #Albirroja ante Francia 🇫🇷 https://t.co/YewDEcPusO
Tu t'appelles Hans, t'as 31 ans et tu sors du match de la coupe du monde.
L'Allemagne s'est faite humilier par le Paraguay (il y a plus d'Allemands dans leur équipe que dans la tienne).
Le lendemain 6h45 tu retournes bosser, taxé à 60% pour financer la transition énergétique, les changements de sexe et les aides sociales distribuées par ton gouvernement aux migrants Érythréens qui se déclarent homosexuels pour rentrer dans les cases.
Cet été, tu le passes sous 38 degrés et sans clim clim parce que ton parti écologiste l'a qualifiée d'arme de destruction massive.
Au supermarché la bratwurst, tes saucisses préférées ont été remplacées par du soja gris KlimaFleisch subventionné par tes impôts pour sauver les Pingouins.
Dans ton open-space a 27 degrés tu as déclaré que tu étais du genre "divers" car c'est devenu le seul moyen d'espérer des promotions avec la discrimination positive et le DEI.
L'eau chaude coûte 18 centimes le litre depuis que le gaz russe est coupé, tu te laves en 3 minutes montre en main et ta propriétaire t'envoie des recommandés parce que la consommation dépasse le seuil énergétique fédéral. Tu pleures sous l'eau tiède.
À 16 ans tu manifestais contre les centrales nucléaires et t'as élu Angela Merkel qui a exécuté. Maintenant, le gaz russe est coupé, ton industrie du moteur thermique est en berne et l'électricité est un luxe: tu penses même à brûler tes meubles IKEA pour te chauffer cet hiver.
Pendant ce temps, ton cousin éloigné Friedrich au Paraguay paye 0% d'impôts, démarre son pick-up Ford V8 5 litres et s'apprête à fêter la victoire autour d'un asado en buvant de la bière allemande.
Ça va être un été de merde Hans, et c'est que le début.
"Ángel Di María"
Por la historia detrás del "primer gustito" que se dio como jugador de fútbol:
"Ese año me había ido muy bien en el debut y logramos clasificar a la Libertadores. Con los primeros premios que cobramos por el torneo, decidí que era momento de darme mi primer gran gusto: me compré un Peugeot 206 negro, bajito, con ese toque deportivo que a mí me encantaba. Lo saqué directo de la concesionaria, pero había un pequeño detalle técnico: ¡no sabía manejar! Mi viejo fue el que lo trajo hasta la casa, y mientras él entraba a buscar a mi mamá para darle la sorpresa, mis amigos ya estaban afuera esperándome. Yo les había presumido que ya tenía el auto, así que no me podía quedar ahí parado viéndolo. Estaba solo, con los nervios de punta y un coche manual que me intimidaba, pero las ganas de estrenarlo eran más grandes que el miedo."
"Uno de mis mejores amigos me dijo: 'Dale, subite, yo te enseño ahora mismo', y así arrancamos. Mi viejo salió a la calle y yo ya no estaba; me había ido a dar la vuelta a la manzana pistoneando y haciendo un desastre. Se me apagaba en cada esquina, el auto saltaba y yo sentía que lo iba a romper todo, pero mi amigo me decía: 'Tranquilo, Angelito, es normal, en la próxima esquina ya no se te para'. Y ahí iba yo, prendiendo el motor una y otra vez, aprendiendo a punta de tirones y risas. Fue un momento increíble porque representaba todo lo que estaba logrando; pasé de las carencias a tener mi propio coche, y aunque no sabía ni meter los cambios, sentía que finalmente estaba empezando a manejar mi propio destino."