Para odiar a la izquierda, no hace falta ser de derecha.
Basta con leer, informarse y aprender de la historia.
Los hechos están documentados, son irrefutables.
Defender a la izquierda es defender el odio, la envidia, el resentimiento, la maldad, los crímenes y la delincuencia ideológica y social.
Ser de izquierda es un trastorno irreversible e incurable.
Soy negro.
No defiendo a los negros.
Defiendo a quien yo creo que tiene la razón.
Me opongo a todo tipo de victimización y llantén.
No, el colonialismo europeo no me debe nada.
No, Estados Unidos no fue el culpable de mi miseria.
El racismo y la discriminación existen, son reales, yo lo he sufrido, pero peor es el cuadro de víctima y de explotado que muchos se inventan a diario para causar lástima, seguir pidiendo ayuda y parecer vulnerables.
Black Lives Matter (BLM) es una organización de mierda, liderada por ladrones de mierda, que agrupa a idiotas de mierda controlados desde arriba por ricos de mierda que se han vuelto millonarios a base de violencia. Ninguno genera empleo ni crea riqueza. Son delincuentes profesionales.
Me harta ver a la gente quejándose por todo sin esfuerzo.
Me harta el socialismo, el comunismo, la izquierda y cualquiera, desde cualquier ideología, que sea fanático ciego y extremista ignorante.
No venero, no adoro, no idolatro, no idealizo.
Me acuesto a diario con la cabeza tranquila de que no metí la mano en la candela por nadie ni que le debo nada a nadie.
Todo lo que tengo lo luché solo, sin coro, sin gritos, sin artistaje y sin llorar en las redes.
Aun bajo la tutela evidente y confesa de Estados Unidos sobre la tiranía chavista, el dinero venezolano (o el proveniente de donaciones internacionales) destinado a ayudar a las víctimas de los terremotos y a financiar las primeras etapas de la reconstrucción de las zonas afectadas no puede quedar bajo el control del régimen.
Es indispensable que existan mecanismos de auditoría, supervisión y rendición de cuentas. Necesitamos saber quién administrará esos recursos, cómo se utilizarán, a quiénes beneficiarán y cuáles serán los controles para evitar nuevos actos de corrupción. Si la @AsambleaVE ya es una institución aceptada y validada por Washington, bien podría ejercer funciones de contraloría sobre esos fondos junto con organizaciones como @NoMasGuiso.
No ha existido en nuestra historia un régimen más corrupto y criminal que el chavista. El triunvirato que hoy encabeza el remanente de esa estructura representa como pocos el saqueo y el desangre del país. Durante 27 años han desfalcado a Venezuela. No podemos permitir que, en el ocaso de ese proyecto barbárico, también se apropien del dinero que debe servir para socorrer a las víctimas que, frente a la tragedia natural, se encontraron con la inexistencia de un Estado desmantelado por una nomenklatura cleptocrática e inepta que solo ha sabido destruir.
Espero que esto sea tomado en cuenta por @usembassyve y, directamente, por @marcorubio. Seguramente así será.
SIN ALTURA SÓLO HAY PAREDES
En nuestro país basta con que alguien no te guste para descubrir que es socialista. No hace falta leer su programa económico, estudiar sus propuestas ni saber qué entiende por propiedad privada. Si no te gusta, es socialista. Si no habla de Trump con suficiente entusiasmo, socialista. Si dice «justicia social», socialista. Si menciona a los pobres más de tres veces en un discurso, socialista con carnet del PSUV escondido en la cartera.
María Corina Machado lleva años sometida a ese examen ideológico de primaria. Curiosamente, muchos de quienes la acusan de socialista adoraban hasta hace poco a Donald Trump con una devoción que tampoco admitía demasiadas preguntas. Ahora que Trump empieza a resultar bastante distinto del personaje que habían construido en sus cabezas, no revisan el método. Simplemente hablan menos de él, pero siguen llamando socialista a María Corina.
El venezolano ha perdido la capacidad de pensar fuera de dos casillas. Blanco o negro. Capitalismo o socialismo. Trump o Maduro. Milei o Fidel Castro. Si criticas a uno, perteneces al otro. Si no estás completamente aquí, estás completamente allá.
Pensar se ha convertido en escoger una pared y correr hacia ella. Y Venezuela lleva dos siglos dándose golpes contra las paredes.
El chavismo agravó monstruosamente esta pobreza mental, pero no la inventó. La encontró instalada. El bolivarianismo cultural llevaba mucho tiempo enseñándonos a comprender la historia de la misma manera: patriotas o traidores, libertadores o tiranos, pueblo u oligarquía. Bolívar o la nada. Después llegaron los marxistas y sólo tuvieron que cambiar algunas etiquetas.
Una sociedad acostumbrada a pensar horizontalmente termina creyendo que toda posición posible se encuentra a su izquierda o a su derecha. Ha olvidado mirar hacia arriba. Eso explica, entre otras cosas, la enorme dificultad que tenemos para hablar de solidaridad sin que alguien saque inmediatamente la tarjeta roja: Marx.
El terremoto ha dejado miles de venezolanos sin casa, sin comida, sin familia, sin posibilidad inmediata de ganarse la vida. Hay hombres que hoy no pueden competir en ningún mercado porque están buscando a sus hijos bajo los escombros. Mujeres que no pueden emprender porque duermen frente a una ruina. Ancianos cuya propiedad privada consiste quizá en la camisa que llevan puesta.
¿Qué hacemos con ellos? El socialismo tiene preparada una respuesta. La misma que ha explotado durante más de un siglo: el Estado se ocupará de ti. Te alimentará, te protegerá, te dará una casa, administrará tus necesidades y, poco a poco, también tu vida. Para salvarte de la intemperie terminará convirtiéndote en dependiente. Y después te pasará una factura pagable en obediencia.
Pero el capitalismo convertido en religión tampoco sabe responder del todo qué hacer con el hombre que está debajo de la tapia.
Sabe crear riqueza. Sabe explicar el valor de la propiedad, el incentivo, la competencia, la libertad económica. Sabe, además, que una burocracia no puede sustituir los millones de decisiones humanas que forman un mercado. Todo eso es cierto.
El error está en preguntarle al mercado lo que nunca prometió responder. Porque debajo de la tapia hay un hombre que hoy no produce. Ni compra. Ni vende. Ni compite. Sólo grita. Y alguien tiene que sacarlo.
Durante tres siglos pertenecimos a una civilización —la hispánica monárquica— que jamás habría entendido que para auxiliar a ese hombre hubiese que hacerse socialista. No era una sociedad igualitaria ni pretendía serlo. Era una civilización jerárquica, con injusticias y miserias como cualquier otra. Pero no había llegado todavía a la extravagante conclusión de que reconocer la propiedad obligaba a desentenderse del necesitado.
La propiedad existía. La riqueza existía. Las jerarquías existían. Pero también los hospitales, los hospicios, las obras pías, las cofradías, la obligación moral hacia el débil.
La Iglesia podía condenar la codicia sin redactar el
But don't you understand?
There was a way. There was always a way.
We had it within our grasp, because we had already grasped it. The childhoods that you and your daughter had were available because you and your daughter had them.
All that the Boomers, and their parents, the eldest of the post WW2 generations, had to do was...
Nothing.
Just live in the paradise that their ancestors won for them, and make the minimum, the bare minimum, of effort that would have been required to actually sustain it.
That's all.
Just keep things the way they were.
But they couldn't handle that. Their fathers and grandfathers, the heroes that won WW2, made them jealous.
They wanted to be heroes, too.
So, for the sake of their own egos, they had to become Social Justice Warriors. They had to be Champions of Progress and Change.
They had to see the world they inherited as a pile of problems to be solved, rather than a pile of solutions to be cherished and preserved.
So they could feel like they were doing something important.
Almost all of the elder generations, even the ones who call themselves conservative and vote republican, are, in truth, socialist liberal progressives. Because they looked at paradise, and wanted to fix it instead of protect it.
That's why the "republican" option was Reagan, the gun-ban guy, the social-welfare guy, the kiss-up-to-the-commies guy, the amnesty-for-foreign-invaders guy.
Reagan, the Hollywood liberal, the Obama of the 80s, instead of Joe McCarthy, Barry Goldwater, and Pat Buchanan.
Teens can't have a summer job because elders had to be Third-World Compassion Heroes, and give us Hart-Cellar and eleventy-billion barbarians who don't care about civilization, but will work cheap.
Teens can't have a car because elders had to be Climate Emergency Heroes and give us emissions control laws and Cash for Clunkers.
Teens can't have safe schools to learn at, because elders had to Anti-Racist Heroes and made it illegal to exclude violent thugs from our school districts. Just because those thugs generally come color-coded for your convenience.
Teens can't have safe public spaces to hang out in, because elders had to be Compassion for the Underclass Heroes, and release violent savages into society, again and again, with a lecture and a slap on the wrist.
Teens can't have a healthy economy to inherit, because elders had to be Equality Heroes and make sure every corporation that actually did anything useful was punished for not being Diverse, Equitable, and Inclusive enough to suit the ideal universe that exists only in their heads.
Teens can't have dates, because elders had to be Anti-Sexist Heroes, and let feminists spend forty years diminishing the social value of men, until you had to a be a billionaire rockstar adventurer to avoid being an unsexy loser by default.
Teens can't even be fit, healthy, and pretty, because elders had to be Sex Equality Heroes, and move women into the corporate workforce in droves, leaving children to be fed by corporate industrial slop factories.
Teens can't have sane, well-adjusted, unspoiled girlfriends and wives, because elders had to be Champions of Sexual Freedom, and normalize unlimited female promiscuity, all in exchange for the largely unfulfilled promise of a little unshaven free-love yeti snatch.
And worst, of all, the crowning irony, the final dead hamster in the water pipe, is that all of this would be fixable, perhaps in three to five election cycles...
Except.
Except the elders don't understand that any of this of this is happening.
They haven't had a child in the household since 1997. They haven't looked for an entry-level job since 1973. They haven't gone on a date since 1981. They haven't been laid off... ever.
They are safe with their paid-off houses and their investments and their pensions from 45 years at the same company and their social security and their medical plans.
It's affecting the youngest generations first and worst. While the elders sit on their cruise ship, surveying the short with binoculars, wondering who all these ragged distressed looking people standing on the shore are.
And why they are holding signs that say "HELP", "THIS IS ALL YOUR FAULT", and "YOU STOLE THE LIFE I WAS SUPPOSED TO HAVE".
Then they shrug, conclude that these must be the whiny losers, and everyone further inland is probably just fine, and everything is fine, because they fixed everything and they are all heroes, and the Summer of Love was the end of the Problematic Era of History and the beginning of the Great Enlightenment.
And when I am 74 years old, and the elders are all safely tucked into their cemetery plots, I will be torn apart by an angry mob for having white hair, and therefore being "one of them".
And the mob will not care that I didn't get to cast a vote until 1992, for the Man Who Predicted All Of This.
He called it the "giant sucking sound".
Which is apt because it's why everything sucks now.
Según estimaciones de organismos internacionales, incluyendo las Naciones Unidas, el daño económico directo causado por el doble terremoto en Venezuela asciende a USD 37 mil millones. Es una cifra enorme, pero debemos contrastarla con las sumas robadas durante los años de la tiranía cleptocrática chavista.
Solo con el dinero robado −y todavía no recuperado− en la trama de corrupción de Tareck El Aissami (USD 23 mil millones) se podría cubrir más del 60 % de ese costo. Si hablamos del dinero “desaparecido” del FONDEN (USD 174 mil millones), alcanzaría para cubrir casi cinco veces esa cifra. Y si mencionamos el monto saqueado −hasta 2023− mediante obras inconclusas y abandonadas (USD 316 mil millones), equivale a más de ocho veces los USD 37 mil millones estimados para la reconstrucción.
Ese es el tamaño del desfalco de un régimen que recibió los mayores ingresos de su historia y que, aun así, no construyó nada, destruyó lo que tenía y, además, dejó la mayor deuda externa que hayamos conocido. Eso ha sido el chavismo: el de Hugo Chávez, el de Nicolás Maduro y el de Jorge y Delcy Rodríguez.
La corrupción también mata.
Casi tres semanas después de los terremotos en Venezuela todavía hay gente sin ningún tipo de ayuda estatal. Todavía hay familias tratando de rescatar los cuerpos de sus seres queridos bajo los escombros, con sus propias manos. Todavía hay personas que literalmente viven en la calle.
Ocurre en el estado Vargas, el más afectado, pero también en lugares como El Junquito, donde la asistencia ha sido mínima. La Gobernación de Vargas no existe. La Alcaldía de La Guaira tampoco. Y las “autoridades” de Caracas, mucho menos. Los damnificados siguen en una situación terrible, precaria e insalubre, aun cuando el −inexistente− Estado dispone, por ejemplo, de una red hotelera. El único apoyo real ha venido de gobiernos y grupos extranjeros, a quienes siempre estaremos agradecidos.
Lo único que ha hecho la tiranía chavista es mentir, ocultar información, bloquear ayuda, hacer mucha y costosa propaganda, e incluso llamar “miserables” a quienes los han interpelado, reclamado y, con toda razón, insultado.
Esa es la situación de Venezuela hoy. Y precisamente por eso debemos seguir apoyando a los nuestros, porque, al final, somos nosotros ayudándonos a nosotros mismos. Que el auxilio a las víctimas de esta tragedia vaya siempre de la mano con la exigencia de ponerle fin a la barbarie que nos oprime y que, frente a una tragedia natural, también nos abandona.
🚨 ÚLTIMA HORA
Periodista australiano denuncia que la DGCIM intentó arrestarlo por reportar lo que sucedía en Venezuela y asegura que la Guardia Nacional de Delcy Rodríguez estaba cobrando dinero para rescatar cadáveres o tratar de salvar personas.
Sabiento tu historial y contribución a los grandes logros del régimen, es curioso es que hoy tengas algo que decir al respecto.
He aquí algunos cargos que ocupaste, para quienes olvidan rápido:
-En Alcaldía de Caracas (época Chávez): Director de planificación de redes sociales de Prevención, adjunto en Recursos Humanos, Director de Gestión Comunicacional en Instituto Municipal de Deporte y Recreación.
-Ministerio de la Secretaría de la Presidencia (breve, Chávez).
-Director de Planificación del Instituto de la Juventud.
-Director de la Fundación Escuela Venezolana de Planificación (2008).
-Asesor en la Presidencia de la Asamblea Nacional (2013, transición Chávez-Maduro).
Rectificar es de sabios, pero yo siempre te veo con mucho escepticismo y hasta sospecha.
Saludos.
Dolorosísima investigación del @WSJ sobre lo ocurrido luego de los terremotos en Venezuela. Reconstruye, con testimonios de los propios rescatistas, cómo un equipo estadounidense especializado estuvo a apenas 30 minutos de aterrizar cuando la tiranía de Delcy Rodríguez les revocó el permiso de ingreso. Pasaron cuatro días intentando conseguir autorización y, cuando finalmente pudieron entrar, la ventana crítica para encontrar sobrevivientes ya era muy pequeña.
El jefe de la misión, Michael Saavedra, asegura que ese tiempo perdido costó vidas. Relata, entre otros casos, el de una mujer que sobrevivió durante varios días atrapada bajo los escombros gracias a una bolsa de aire, pero murió antes de que pudieran llegar hasta ella. Ya en Venezuela, el equipo también enfrentó trabas burocráticas, controles militares, retrasos para retirar sus equipos y una descoordinación absoluta de las autoridades.
Da mucho dolor, rabia, ira e indignación leer todo esto, porque son vidas las que se han perdido.
El chavismo ha sido el mayor flagelo que hemos sufrido los venezolanos. Estos bárbaros, ineptos y criminales, que nos odian, no pueden seguir ocupando, de facto, el poder.
Defund the police.
Say yes to open borders.
No human is illegal.
People should not own guns.
There is a genocide against transwomen of color.
Women can have penises.
Do not procreate to protect Mother Earth.
Islam is peaceful.
Indigenous Knowledge > "white" science
Black Lives Matter
COVID does not spread at BLM rallies.
There is no objective truth. All is relative.
Zionism is Nazism.
Free Free Palestine.
Israel is a Nazi state.
Each of the latter positions and countless others (fully decoupled from reality) are espoused by one side of the political aisle.
Think carefully about whom to vote for.
Excelente metáfora, la de la tapia.
La barbarie chavista ha sido efectiva en atomizar esa unión que a todas luces no estaba muerta, sino de parranda.
Esa desmoralización de la que habla este escrito es la misma que convirtió a tantos ciudadanos en copartícipes de la tiranía y en espías de sus vecinos, al mejor estilo de los informantes cubanos.
La tragedia venezolana es infinitamente más grande, y sus efectos abarcan mucho más que lo que hizo el terremoto, pero el evento natural requiere imperiosamente la inmediatez en la ayuda. Por eso la cohesión y la solidaridad del venezolano común no se hizo esperar, mientras que quienes propiciaron el problema mayor siguieron en su práctica cotidiana: huir de toda responsabilidad mientras riegan más propaganda.
La realidad y la perversidad del régimen se conoce hoy por primera vez internacionalmente en una mucho más justa dimensión, y hasta el New York Times —periódico con obvio sesgo de izquierda—, debe reportar las cosas como realmente son.
Nuestro gentilicio se debe a sí mismo la valentía de declarar al chavismo como una ideología de muerte. Que el terremoto sea el catalizador de la criminalización de ser chavista, como en su momento el nacional socialismo lo fue en la derrotada Alemania nazi. Que sea una vergüenza el declararse feligrés de esta pseudo-religión adoradora del más nefasto operador político que ha tenido nuestro país en su historia reciente.
El deslave, así como el doble terremoto, serán el inicio y el fin del chavismo. La barbarie se inició en medio de un cataclismo, y terminó con otro mayor.
Ya veremos quién “no volverá”. Pero esta vez, para siempre.
EL VENEZOLANO BAJO OTRA TAPIA
𝘗𝘰𝘳 𝘲𝘶é 𝘭𝘢 𝘴𝘰𝘭𝘪𝘥𝘢𝘳𝘪𝘥𝘢𝘥 𝘳𝘦𝘢𝘱𝘢𝘳𝘦𝘤𝘦 𝘢𝘯𝘵𝘦 𝘭𝘰𝘴 𝘦𝘴𝘤𝘰𝘮𝘣𝘳𝘰𝘴, 𝘱𝘦𝘳𝘰 𝘯𝘰 𝘵𝘢𝘯𝘵𝘰 𝘢𝘯𝘵𝘦 𝘭𝘢 𝘵𝘪𝘳𝘢𝘯í𝘢.
Venezuela cuenta ciertamente con una increíble reserva humana de solidaridad social. Es lógico admirarla y aplaudirla en medio de esta tragedia. Pero dicha reserva parece manifestarse sólo ante catástrofes naturales, no frente a otro tipo de tragedia, como la que el país padece de forma cotidiana desde hace tanto tiempo.
La sociedad venezolana, en el contexto de las carencias y los maltratos infligidos por una tiranía aplastante como la chavista, tiende hacia conductas más cercanas al canibalismo social que a la solidaridad social.
Y es que el régimen constituye una catástrofe de otro orden; una que controla con precisión el peso de la tapia con que aplasta a los venezolanos. Le basta con dejar caer sobre ellos justo la carga suficiente para que el instinto de supervivencia los convierta en rivales.
Uno podría preguntarse por qué un pueblo capaz de semejantes demostraciones de solidaridad no ha logrado sublevarse contra el régimen. La respuesta está en esa diferencia entre las dos clases de tragedia. Cuando un terremoto derrumba un edificio, todos sus habitantes comprenden inmediatamente que el enemigo son los escombros.
Nadie piensa en competir por el espacio bajo una viga. El único camino posible consiste en unir fuerzas para levantarla. Allí la solidaridad no es sólo una virtud moral, sino una necesidad práctica.
La tiranía funciona de otra manera: no sepulta a todos de golpe; los entierra lentamente; administra el peso de los escombros; aprieta, pero sin asfixiar del todo; empobrece, pero sin matar de hambre a la mayoría; reprime, pero procurando que el miedo no paralice completamente ni provoque una explosión definitiva.
Mantener a millones de personas en un equilibrio miserable donde casi toda la energía disponible se consume en sobrevivir, constituye la verdadera eficacia del sistema. El ciudadano ya no dispone de tiempo, recursos ni serenidad para pensar en términos colectivos. Su horizonte se reduce al día siguiente.
El vecino ya no es alguien con quien reconstruir el país, sino alguien que compite por el mismo empleo, el mismo subsidio, el mismo cliente o el mismo asiento para emigrar. La lógica de la supervivencia mantiene sepultada la solidaridad, sin llegar nunca a extinguirla.
Por eso la cuestión no debe formularse en términos de valentía. Los venezolanos han demostrado muchas veces su coraje. El problema es que una sociedad sometida durante mucho tiempo a tanta presión termina perdiendo la capacidad de reconocerse a sí misma como un «nosotros».
Étienne de La Boétie daba por supuesta esa capacidad. Su reflexión sobre la servidumbre voluntaria sólo tiene sentido si existe un pueblo capaz de actuar como pueblo. Cuando los individuos se reconocen como miembros de un mismo sujeto colectivo, basta que dicho sujeto retire el consentimiento para que el poder se desplome.
¿Pero qué ocurre cuando ese sujeto colectivo ha sido cuidadosamente desmembrado? Entonces ya no basta con esperar que la gente se rebele. Hay que reconstruir el «nosotros» que hace posible la acción común.
Bajo esa luz también se comprende mejor el papel de la falsa oposición. Ella no constituye la causa del problema, es sólo uno de sus productos más característicos y eficaces. En una sociedad donde predomina la supervivencia individual, la política se convierte para muchos en una estrategia de supervivencia. En lugar de organizar a la nación para sustituir al poder, numerosos dirigentes buscan la manera de incorporarse a él, de negociar con él o de vivir de él. El parasitismo político no existe a pesar del sistema; existe porque el sistema lo recompensa.
Sin embargo, el terremoto dejó al descubierto algo extraordinario. Bastó que desapareciera, aunque sólo fuera durante unos días, la lógica ordinaria de la
Since 2023, I have kept the same pinned post because I feel that post (the one discussing "my side of history") is the most important sentiment I have ever posted on this platform.
For the short-term future, however, I am changing that pinned post to this one, because it is of such crucial importance to our nation's survival.
Here goes.
The Democrat Party is in the process of being taken over by the Democrat Socialists of America (the "DSA").
The DSA is an explicitly Marxist organization.
Marxism has impoverished more people and genocidally murdered more of humanity than all other ideologies ever to exist in human history combined.
It is a grotesque form of evil that is wholly incompatible with the Constitution of the United States of America.
Marxism in all its forms must be reviled and publicly treated with the same disdain with which intelligent adults view Naziism, pedophilia, serial murderers and cannibalism.
Do not back down. Each and every time you encounter Marxism in any of its forms, please call it out for the evil that it is. It is a rapidly metastasizing cancer that can only be defeated by public awareness.
Thank you.
En medio de tanta tragedia, la volatilidad es inevitable.
Y nos quieren destruir la moral.
No nos dejemos. En ese sentido, más apatía.
Lo que ellos venden como triunfo, son sus fracasos. Son sus humillaciones.
Cuando un funcionario de EEUU pisa Venezuela, les pisotea su orgullo, su supuesta ideología, su historia, su legado y su sistema. El chavismo hecho trizas. Incluso si salen ambos sonriendo en la foto. En el fondo, solo uno sonríe voluntariamente.
MANUAL DE DESPROGRAMACIÓN BOLIVARIANA PARA VENEZOLANOS SENSIBLES (o cómo desprenderse lentamente de la idea —sin sufrir un colapso emocional inmediato— de que Simón Bolívar fue «nuestro libertador»)
MÁS DE UN SIGLO de escolarización bolivarista deja marcas profundas. Década tras década el venezolano promedio aprendió primero a decir «Bolívar» y después a pensar. Por eso, cualquier procedimiento de desprogramación exigirá paciencia.
El rostro de Bolívar aparece en billetes, monedas, plazas, escuelas, ministerios, avenidas; en los ojos húmedos de la maestra de primaria y hasta en el papel higiénico ideológico del Estado. Casi-casi-casi aparece también en el tetero.
Si alguien ve la misma cara durante cuarenta años, termina suponiendo que aquel señor debió salvar a la humanidad de una invasión extraterrestre.
Pero procedamos, por difícil que sea, a la desprogramación.
La primera medida consiste en tranquilizar al paciente; asegurarle que nadie le va a quitar las arepas; que nadie le va a prohibir decir «chévere», «pana». Que ni siquiera van a quitarle el decadente y ya tan normalito «marico». Que no habrá alarma en algún Estado porque alguien descubra que Bolívar no descendió del Monte Sacro envuelto en relámpagos olímpicos. La vida continuará con admirable indiferencia. Las hallacas seguirán existiendo; el Ávila permanecerá en su sitio; autobuses y mototaxis continuarán circulando.
Después de esa primera estabilización emocional comienza la terapia propiamente dicha. La primera grieta aparece cuando el venezolano descubre que ganar una guerra no convierte automáticamente a nadie en libertador. Napoleón ganó muchísimas y dejó media Europa cubierta de cadáveres, ruinas y censura. La historia universal conserva una enorme colección de vencedores capaces de arruinar civilizaciones enteras.
Más adelante emerge una pregunta todavía más delicada: ¿qué éramos exactamente antes de la independencia? Ahí comienzan a verse los primeros espasmos republicanos. El venezolano formado bajo el catecismo bolivarista imagina 1810 como una especie de Mordor tropical —aquel reino infernal y oscuro de las novelas de Tolkien— administrado por españoles malignos que despertaban cada mañana pensando cómo torturar indígenas, afilando bayonetas frente a plantaciones humeantes. Luego aparecería Bolívar en su caballo blanco repartiendo ciudadanía, dignidad, electricidad y autoestima continental.
El problema está en ciertos detalles incómodos. En 1800 los habitantes de Caracas eran españoles. Jurídicamente españoles. Culturalmente españoles. Religiosamente españoles. Lingüísticamente españoles. Esto incluía criollos, mestizos, pardos, indígenas integrados al orden imperial y personas de múltiples mezclas raciales. Porque ser españoles era toda esa poliformia compleja y vibrante, no la estampita del peninsular enseñada luego en república. Ser americano jamás convertía automáticamente a nadie en extranjero dentro de la Monarquía Hispánica. Tampoco el color de piel anulaba la pertenencia civilizatoria. Existía movilidad social, ascenso administrativo, acceso al sacerdocio, participación municipal, vida universitaria y múltiples mecanismos de integración jurídica. Las provincias americanas formaban parte de una misma estructura política que llevaba tres siglos desarrollándose. Nadie necesitaba pasaporte para viajar de Caracas a Cádiz, todo aquello pertenecía al mismo cuerpo político.
Llegados a este punto, el paciente suele, como si no hubiera escuchado lo anterior, soltar la frase aprendida: «Sí, pero éramos colonia». Entonces toca formular una pregunta sencilla y observar cuidadosamente la reacción fisiológica: ¿en qué colonia los habitantes poseen representación municipal, universidades reales, fueros, imprentas, acceso al sacerdocio, movilidad jurídica y posibilidades de ascenso administrativo? El silencio posterior toma una densidad dramática.
Pero la terapia avanza. Llega el momento de revisar qué dejaron realmente las
Todo dinero que maneje la tiranía chavista será robado. El destinado a la ayuda humanitaria también. Lo sabemos todos.
Por favor, verifiquen a quiénes donan insumos y quiénes administrarán los fondos recaudados. Hay organizaciones confiables e incluso iniciativas privadas. Al chavismo, nada.
La gente en Venezuela, desamparada por el inexistente Estado, necesita ayuda real. Nada de lo que pase por las manos de esta cleptocracia criminal llegará a los ciudadanos, a quienes quienes hoy ocupan de facto el poder desprecian.
A pesar de la grave crisis que vive Venezuela, quiero resaltar algo muy positivo que hemos percibido: el admirable nivel de análisis, madurez y expresión que demuestran muchos niños y niñas venezolanos.
Cuando los entrevistan tras el terremoto y les preguntan cómo se sienten, qué piensan de lo sucedido, qué han vivido o cómo está su familia, no responden con monosílabos.
Ofrecen oraciones completas, fluidas, cargadas de sentimiento y reflexión. Dan su opinión, evalúan la situación y hablan con una madurez que sorprende para su edad.
Eso no es casualidad. Es el resultado de una capacidad de entendimiento y razonamiento que, unida a la educación recibida en casa y/o en la escuela, les permitirá construir una mejor calidad de vida y convertirse en un aporte valioso para el futuro del país.
A quienes les molesta ver esto: en vez de criticar o minimizar, reconozcan el esfuerzo y la resiliencia de estos niños. Mientras algunos solo ven destrucción, ellos demuestran que la semilla de un mejor Venezuela ya está germinando.
Desde niño he valorado las conversaciones fluidas y nutridas, con retroalimentación, opiniones sinceras y comentarios enriquecedores.
Hoy, como adulto, sigo apreciándolas igual. Por eso me emociona ver a estos pequeños expresarse con tanta claridad y profundidad.
Esto va para mis amigos, compañeros de trabajo, excompañeros de trabajo y mi familia. Cada momento que nos permite conectarnos de verdad lo valoro profundamente.
Que esa espontaneidad de los niños, hablar con los ojos bien abiertos, mirar al prójimo y terminar dando la bendición - nunca se les pierda -. Que siga brillando esa luz!
La peor respuesta en la rueda de prensa de Delcy ha sido “invitar” a los periodistas a volver a verificar lo que ya verificaron.
Nunca jamás han compartido el mismo espacio con la prensa libre.
Lo grotesco de este gobierno no es solo su crueldad, sino su incapacidad de admitir sus fallas, el desdén por la dignidad venezolana, su suprema soberbia y su ausente contrición.
Son insalvables, indefendibles, impresentables.