—Si te dijera cuan fácil es ascender o que te cambien de puesto, te aburrirías como yo.
Comentó, su mirada ahora posada en las uñas propias, ignorando aquel tono enfadado de la adversa.
—Me agradaría que algo interesante sucediera.
— ¿Cuántos años tienes, cinco? ¿Cómo es que estás aquí?
Espera que no la malinterpreten, solo está medio de mal humor.
— Realmente hasta que no nos asignen nada o haya una pandemia...
Así mismo, se acercó a ella tras haber dejado los documentos ordenados.
—¿No deberías informar eso?
Bueno, era ventajoso saber algo para poder mandárselo a su jefe.
—Tengo pasatiempos aburridos.
Le ha llamado con la mano, dándose la vuelta a la cámara.
—Recientemente me he enterado de que están intentando hacer experimentos y esas cosas. Pero como no estoy segura, estoy yendo periódicamente para confirmar mis dudas.
Luego le ha hecho una mueca.
— ¿No haces nada? Joder
No sabía que decir, después de todo no tenía mucha idea de lo que hablaba la adversa.
—¿Tejer? ¿ver la tv?
Se preguntó en voz alta, aunque aquello sonaba más como una mentira.
—Bueno, sí sé tejer, pero no lo hago.
"Y quizás planear el asesinato de un ex agente." Un
— UN Shogun es un señor de la guerra... Bueno también de a ratos voy a ver la armadura de Oda Nobunaga.
Porque viaja mucho a su ciudad para ver esas cosas. Para nada más.
— ¿Qué sueles hacer niña?
Arqueó una ceja con cierta confusión.
—Bien, preguntaré que es eso.
Guardó algunos de los papeles en una de las carpetas que tenía, se encogió de hombros.
—Mhm...mis pasatiempos son aburridos.
— Me gusta fumar... Ver que el cuarto Shogun no se despierte y beber lo que venga.
Por su parte y luego de realizar que su amiga dejo la unidad, levantó los pies a la mesa.
— ¿Solo eso no más?
—Ir de compras, y dormir. Aunque eso no puedo hacerlo de todas formas. ¿Y a ti?
Cuestionó, y mientras tanto, le dio un par de hojeadas a los papeles que estaban sobre el escritorio.
Ella solo la observó, y regresó a su expresión neutral.
—Oí muchas cosas realmente.
Sin embargo, tan animada que era la mayor, que otra vez sonrió.
—Espero lo mismo, Rina.
Ha puesto cara de asco, ahora en estos momentos es donde desea a su otra compañera.
Sin más tuvo que estrechar la mano.
— Ah... Yo soy Rina, supongo que ya sabes eso.