Un hombre de verdad:
- Come como un Rey.
- Habla como un Líder.
- Piensa como un Filósofo.
- Entrena como un Guerrero.
- Aprende como un Estudiante.
Y lo más importante, cada día trabaja su relación con Dios.
Después creces, te casas, tenés un hijo. Un día ese hijo tiene un día bravo y tu suegra pasa un rato y a tu hijo se le ilumina el rostro como si viera a un ser divino y vos te reconoces en esa alegría primitiva porque vos también fuiste un nene encandilado con la mamá de tu mamá