Que lo único que debería darnos miedo perder es la salud.
Que las personas no se pierden, las personas sólo se alejan o se acercan.
Y por encima de todo hay que saber cuando rendirse: ¡NUNCA!
pedí disculpas sin tener la culpa, bajé la cabeza teniendo razón, hice por otros lo que nunca harían por mí, oculte que estaba mal para no preocupar a nadie. Así que no digas que soy egoísta, perdí la cuenta de las veces que coloqué la felicidad de otros por encima que la mía
Las noches sin dormir, las taquicardias, el nudo en la garganta… Todo eso que nadie ve. Todo eso que finges controlar. Y aún así, te levantas.
Desayunas.
Sales a la calle.
Y sonríes como si no doliera.
Eso, eso se llama fortaleza.