Lo que me deprime que haya empezado agosto porque eso quiere decir que el mes que viene es septiembre y en dos días Navidad, Año Nuevo y verano las tres peores cosas que me pueden pasar en la vida.
Les molesta ver a una mujer que desde chiquita cuestionaba todo, decidió quién era su familia, quién no, siempre ha decidido en qué creer y en qué no, qué vestir, qué decir, qué defender. Que se aleja sin problema de cualquier persona que no le suma, que siempre consigue lo que quiere y si nadie va con ella, va sola 😮💨
Recuerdo cuando en la adolescencia salía de joda los sábados a la noche con amigos sin importarme el frío, mientras que ahora prefiero quedarme calentito en casa, maratoneando series o películas sin que nadie me rompa las pelotas. Placeres de la vida de adulto
Quiero ser rica. Lo admito.
Pero no por un reloj de lujo ni por un Lamborghini.
Quiero ser rica para poder ir al gimnasio a las 3 de la tarde un martes.
Sentarme dos horas en una cafetería agradable, desayunar y pedir un café caro sin mirar el precio.
Asegurarme de que las personas que amo nunca tengan que preocuparse por el dinero.
Despertarme de forma natural un miércoles cualquiera sin tener que estar en ningún lugar.
Invitar a mis amigas a cenar y decir:
“No se preocupen, yo invito.” Esa es mi versión de riqueza.
Me agarra una picazón en los dedos de querer comprar una tonelada de pavadas cuando tengo media moneda de más. Es tremendo la disforia de sueldo que tengo. NO SOS HEREDERA DE NADA calmate, no necesitas un burbujero con luz. No, no necesitas, de verdad
A los 37 aprendí que la clave para sobrevivir al día no es el positivismo. Es la aceptación. Aceptar que no todos los días son buenos y felices. Tendrás días malos. Cometes errores. Fallas. La cagas. No todo va a encajar en su lugar y eso está completamente bien.