El futbolero está en su casa, masticando bronca, llorando, tratando de retomar fuerzas para encarar uno de los lunes más duros de su vida. Acá están los que ven futbol cada cuatro años y mucho no entienden, a veces me gustaría ser uno de ellos.
Un descenso dura, como poco, un año. Semana tras semana te das cuenta de que estás jugando en la B. Cada vez que miras el calendario te ves en la B. Y el mes o los dos meses previos al descenso son horribles porque pierdes una y otra vez, lo ves venir y no te puedes quitar ese miedo de la cabeza. Perder una final es mucho menos doloroso. En primer lugar, el camino hacia esa final está lleno de alegrías porque vas superando rondas. No hay miedo, sino ilusión. En segundo lugar, la revancha llega rápido y más pronto que tarde volverás a enfrentarte a ese equipo y a ganarle. En tercer lugar, no es lo mismo pelear por ser el mejor, sabiendo que en el peor de los casos vas a ser el segundo mejor de todos, que pelear por no ser el último. Un descenso es una mancha imborrable para un club grande. Perder una final, contra quien sea, no es ninguna mancha. Es un sobresaliente al que le ha faltado solo un par de detalles para ser matrícula de honor.
Este es el video más importante en la historia de Argentina.
El tipo que encendió la chispa de una nación y el chico que curó el orgullo herido de todo un pueblo. Ellos hicieron de su país un epicentro de gloria mundial. Diego y Leo:
Miguel jamás les dijo que no a Boca y Rosario Central, los saco campeones y se convirtio en idolo. Su ultimo partido en una cancha fue con esos dos equipos enfretandose y con la gente coreando su nombre. Gracias Eternas Viejo Zorro.