Somos la generación marcada por el caso Candela, una niña que tenía nuestra misma edad cuando empezamos a tener contacto con la crueldad de las violencias que vivimos. Y que ahora, ya adultas, seguimos anotando nombres en el enorme paredón de las injusticias. Ni una menos.
no quiero un amor perfecto, quiero uno que me diga “mi amor” cada dos frases. Que me mande un audio solo para decir “gorda, te amo”. Que me haga sentir elegida incluso en los días donde no me elegiría ni yo.