@mary3rodriguez@Iberia@Extraordinario Mi hija lleva24 días en Oxford esperando por su maleta que nunca llega (un viaje de Madrid a Londres) A los 15 días le enviaron una maleta de otra persona que está en otro continente y siguen dándole largas!! Ojalá tengas una solución!!
@espinosacrim Yo me vengo preguntando por la docencia y cómo es evaluada de manera diferencial basada en el género, sostenida por un sexismo ambivalente y normas patriarcales internalizadas
@quillamanta Sí! Hay retrocesos pero también hay quienes insisten en mirar, en incomodar, en decir lo que otros prefieren perfumar. Resistir hoy es hacer visible lo que el brillo intenta resolver
https://t.co/8GYEWT1SXv
🧵El nuevo spot de Marsella parece un musical de Disney tropical: ritmo de cumbia, brillo y una coreografía de mujeres que lavan ropa en batea mientras cantan “siempre hay amor entre tú y yo”. El aroma se vuelve promesa de felicidad 1/4
Y lo más inquietante: nadie lo comenta. Ni voces femeninas ni masculinas se preguntan por qué seguimos bailando el mismo guión. Como en los 90, la publicidad sigue lavando los conflictos y dejándolos con fragancia “repotenciada” #Publicidad#Marsella#RepresentacionesDeGenero
Todo huele bien. Demasiado bien. El trabajo se disuelve en ritmo, el cansancio en color. La desigualdad no desaparece, se estetiza. El aroma cubre la distancia entre deseo y realidad 3/4
@Grace_Galvez@RimacSeguros Lo hacen en todos los seguros, con esa cobertura y otras. En @RimacSeguros antes cubrían a mi madre de 90 años las inmunizaciones, como la vacuna de influenza. Ahora nada!!!
MATRICULAS ABIERTAS
Curso "Metodología Cualitativa para la Investigación"
Fecha de inicio: Lunes 16 de junio 2025.
Clases prácticas (Lunes y Miércoles)
Hora: 6:00 a 9:00 pm. (Hora Perú)
https://t.co/iEBYQsAfQ3
Nostalgia de lo analógico
"Si no lo puedo tocar, no lo puedo recordar" Esto se lo escucho a mi mujer que es mucho más lista que yo. En una sola frase ha condensado algo que llevo observando en los últimos años: nos aferramos a los objetos porque no queremos que desaparezcan. Nuestra vida está siendo subida a la nube. Las canciones subversivas que escuché en mi adolescencia ahora pertenecen a una plataforma ultracapitalista. Los álbumes de fotos de nuestras vacaciones en la Manga del Mar Menor, se han reconvertido en una Story de Instagram.
Todo, menos los libros.
Leo atónito que solo un 10% de los libros se leen en formato digital. Y más atónito me quedo cuando me entero de que de ese 10%, el 60% de los libros descargados son gratuitos. Es decir, apenas un 4% de los libros se compran en digital.
Investigo la razón y llegó hasta un estudio que concluye que recordamos peor y prestamos menos atención a los libros en pantalla.
Recuerdo, entonces, esa novela de detectives que me leí un verano en un ebook y de la cual me costaba seguir la trama, porque no recordaba ni las pistas, ni los nombres, ni prácticamente el asesinato.
Al parecer, el problema reside en que la memoria también es táctil. Al tocarlo, activamos también el cerebro. Qué bonito esto: no solo leemos con la mirada, también con los dedos.
Quizás, por eso coleccionamos vinilos, aunque naciéramos después de la muerte del tocadiscos, en la época entre las cintas y los cds. O nos hacemos fotos de fotomatón cuando salimos de fiesta, porque sabemos que ese momento no se puede editar. Como tengo miedo pertenecer a la última generación que compraba objetos culturales por gusto, atiborro a mis hijos a cuentos, les compró cómics que no sé dónde guardar, me paso el día en mercadillos buscando CDs infantiles.
Y sobre todo, les toco, les toco mucho. Les acarició para que, cuando ya no esté, recuerden quién fue su padre.
Soy Jorge Corrales, escritor, y esta #ColumnaAlVacío fue la que me impulsó a comenzar mi pódcast Material Narrativo hace un año, un programa dedicado a las historias analógicas.
Hace mucho que me alejé de las redes. Pero, dada la coincidencia entre una etapa personal particular y el comentario absurdo de un político (ex-infiltrado de la comunidad científica), no pude resistirme a dejar una reflexión.
Aclaro: no pretendo opacar la voz de las científicas, a quienes admiro profundamente. Yo no soy una de ellas. Solo quiero contar lo que muchas veces queda detrás de quienes dejaron algunos sueños en el camino.
Ser mujer en el ámbito científico es poderoso… pero también muy duro. Especialmente en el sur global (mención especial a Latinoamérica), donde se forjan a diario historias de decisiones difíciles, sacrificios, discriminación y resistencia.
En ciertos espacios, una mujer debe demostrar el doble, ser casi perfecta para ser tomada en serio. Los estereotipos pesan, y muchas veces te hacen sentir que no perteneces del todo.
Cuando una es joven, no faltan los comentarios misóginos, los que “quieren ayudarte” con intenciones dudosas, o las miradas condescendientes. Cuántas historias no contadas por miedo a perder la beca, la oportunidad, el trabajo…
La academia también es un terreno hostil. Donde las redes académicas son cerradas y se componen principalmente por hombres. En este entorno, una es juzgada por cómo se ve (“si te arreglas mucho, no puedes ser profesional”; “si no te arreglas, qué poca presencia”), por cómo se comporta (“si sonríe mucho, seguro consiguió las cosas por eso”; “si no habla, qué poco carisma tiene”).
Y en el colmo de la misoginia, si una se queja o cuestiona algo, no falta quien lo atribuya “a las hormonas”.
Cosas que a un hombre nunca le pasan.
Luego llega el embarazo.
Y con él, una serie de dudas que lo cambia todo: ¿Tendré licencia? ¿Tendré seguro? ¿Me seguirán considerando?
La precariedad laboral te hace preguntarte si vale la pena seguir. Muchos asumen que dejarás de ser ambiciosa. Que ya no “darás la talla”.
La maternidad es una etapa maravillosa… pero también viene con culpa. Culpa por no estar lo suficiente en casa. Culpa por no avanzar en el trabajo. Culpa por sentir que no estás siendo “buena” en ninguna de las dos cosas.
Ver tu propuesta de doctorado empolvarse un año más mientras dudas si estás cumpliendo como mamá.
Proyectos que iban a ser tuyos se los dan a otros.
Reuniones sin horario, deadlines que se escapan, correos que no puedes responder.
Dejar de recibir invitaciones porque “nunca llegas con los plazos”.
Trabajar solo de madrugada, cuando todos duermen.
Trabajar el doble, por la mitad del reconocimiento.
Y aún así, sonreír, ser puntual y callar.
Entrar a salas donde eres la única mujer. La única madre.
¿Por qué?
¿Por una condición biológica?
¿O porque faltan igualdad, oportunidades y cambios estructurales?
Faltan redes.
Faltan modelos.
Faltan oportunidades.
Por eso, en Perú, solo el 33% del personal científico son mujeres.
Mientras que en países como Argentina, Uruguay o Paraguay, la cifra va del 40 al 55%.
Ese 33% representa a muchas mujeres que dejaron sueños en el camino, que enfrentaron tareas impuestas por la sociedad y barreras construidas por el sistema.
Y nada de eso es "biología", señor Bustamante. Es machismo estructural.
Hacerle creer a nuestras niñas que “biológicamente no están hechas para la ciencia” no solo es falso:
es cruel, es ignorante, y refleja a la perfección las taras de esta sociedad.
🇻🇪🚨 | URGENTE: Régimen de Maduro secuestró a la periodista Dayana Krays del medio ecuatoriano La Data tras cubrir las protestas contra el fraude. ¡DIFUNDIR!