Lo ocurrido en el estadio El Trébol durante la final entre Municipal y Antigua GFC no es un hecho aislado, sino un síntoma reiterado de un problema más profundo.
El fútbol en Guatemala se ha convertido, con demasiada frecuencia, en escenario de violencia, descontrol y corrupción, al punto de reflejar una normalización preocupante del conflicto como parte del espectáculo.
Ningún gobierno ha tenido la voluntad política de intervenir con firmeza, de imponer normas estrictas que obliguen a federación, clubes y aficiones a un proceso real de educación y corrección, aun cuando ello implique decisiones impopulares o un quiebre temporal del sistema.
La pasión desbordada del fanatismo, sumada a intereses económicos que priorizan taquilla y poder antes que formación y seguridad, ha relegado la esencia del deporte: competencia, convivencia y belleza.
Mientras se tolere la violencia como parte del folclor futbolero, el “deporte rey” seguirá siendo rehén de sus peores excesos y no una verdadera expresión de identidad colectiva positiva.
@TestViafara@Ana354384220866 Tenia cada de idiota y bailaba como una tarada... a mi me gusta que una mujer baile, no que una pendeja haga estupideces.
A los pajizos les gusta cualquier vaina