Kachina, ¡es un gusto conocerte Kuniku...! ¿Puedo llamarte Kuni?
—Ouch, jura que se acaba de morder la lengua tratando de pronunciar ese nombre, no pasó tanto tiempo entre la caminata y ambos llegasen.—
—Fue tras la niña, manteniéndose alerta. No sabía si la tranquilidad de la pequeña venía de su inocencia o había algo más detrás.—
Kunikuzushi.
—"Kunikuzushi" era la única palabra que recordaba, por lo que debía ser su nombre o al menos el de una persona cercana.—
¿Y tú?
—Se cruzó de brazos, mirándola de arriba abajo no sabiendo si creer realmente sus palabras. Parecía demasiado pequeña para estar sola fuera.—
¿Quieres que te acompañe?