Detrás de cada nombre hay una familia, amigos y personas que sufren al leer una mentira convertida en noticia.
Ojalá algún día entiendan que la credibilidad se construye con responsabilidad, no con clics. Porque los números suben un rato, pero el respeto se pierde para siempre.
La desesperación por un like, una visualización o un viral nunca puede estar por encima del respeto por las personas.
Inventar o difundir la muerte de alguien para generar tráfico no es periodismo. No es información. Es una falta total de profesionalismo, de ética y de humanidad