Se creen un partidazo solo porque madrugan para ir a trabajar y pueden comprar cosas materiales. Pero no saben comunicarse, no saben canalizar sus emociones, no ofrecen paz y se niegan a sanar sus traumas ofreciendo silencios como castigo.
No debería dar más miedo hablar que perderse.
Hemos normalizado tanto callarnos cosas por miedo a incomodar, generar conflicto o provocar distancia, que muchas personas viven relaciones donde aparentan tranquilidad mientras acumulan ansiedad por dentro.
Y eso no es paz.
Es tensión sostenida disfrazada de “todo bien”.
Poder expresar lo que duele, lo que molesta, lo que no entendiste o lo que necesitas sin sentir que todo puede romperse por decirlo debería ser algo básico, no un lujo emocional.
Porque cuando no puedes hablar con libertad, empiezas a relacionarte desde el miedo y no desde la tranquilidad.
Los silencios también desgastan.
Las emociones acumuladas también distancian.
Y muchas relaciones no terminan por lo que se dijo, sino por todo lo que nunca pudo decirse.