Tardo en irme y doy segundas oportunidades. Perdono mucho, no me gusta despedirme, hago hasta el último intento, siempre intento ver lo mejor de la gente, le doy mil vueltas a todo y doy lo mejor de mí. Pero cuando llego a mi límite… ahí ya no hay marcha atrás.
Yo creía que la comunicación era la base de todo, pero al final es la comprensión, porque puedes decir todo lo que quieras, pero si alguien no está dispuesto a entender, seguirá siendo un caos.
Me gusta la gente que recuerda los detalles pequeños. El cómo tomas el café, esa frase que repetías, el nombre de tu primer mascota. Esa gente que demuestra que escuchar es otra forma de querer.