Las despedidas son aquellas que se hacen en silencio, donde no existen disculpas y mucho menos un adiós, porque uno nunca se va de donde lo quieren, de donde no se es invisible, uno se va de donde no se es magia, de donde no nos miran como si fuésemos un jodido universo.
Y tu me has declarado la guerra con tus ojos, con tu boca que jamás pensé besar, con cada centímetro de tu cuerpo sin ni siquiera tocarte. Y sí, lo sé... tus manos son la forma perfecta para morir. Así que hazlo. ¡Mátame! Que yo nací para morir acá.
No lo comprendía. Ahora creo que sí. No te culpo por no poder soltarme. Me culpo a mí por juzgarte y no tenerte empatía. Te miraba desde mis ojos pero no desde los tuyos. Lo siento.