En Venezuela se está cometiendo el mayor ecocidio de nuestra historia.
Nuestra tierra no es un pedazo de suelo que se explota y se abandona…
Nuestra tierra es un ser vivo. Es selva, es río, es montaña, es Amazonía, es el pulmón que respira no solo por Venezuela sino por todo el planeta. Y desde hace 10 años, ese corazón está siendo destruido.
El 24 de febrero de 2016, con el Decreto 2.248 que creó el llamado Arco Minero del Orinoco, el régimen acabó de facto con la institucionalidad ambiental del país.
111.843 kilómetros cuadrados del territorio nacional, casi el tamaño de Cuba, fueron entregados a un modelo extractivo brutal.
Sin estudios de impacto ambiental. Sin consulta a los pueblos indígenas. Sin respeto a parques nacionales, reservas forestales ni territorios ancestrales.
Allí están Canaima, Jaua-Sarisariñama, la Reserva del Caura, el Delta del Orinoco.
Allí viven pueblos indígenas que han protegido esa tierra durante siglos… pemón, ye’kwana, warao, kari’ña, piaroa, yanomami, sanɨma y muchos más.
A todos ellos los ignoraron.
El resultado está a la vista… Deforestación masiva. Ríos contaminados con mercurio. Selvas arrasadas. Militarización del territorio. Grupos armados controlando minas. Guerrilla del ELN y disidencias de las FARC operando en suelo venezolano…
Y lo más grave… violaciones sistemáticas de derechos humanos.
Desplazamientos forzados. Detenciones arbitrarias. Asesinatos y desapariciones. Defensores indígenas asesinados por proteger su territorio…
Mientras tanto, las comunidades indígenas viven en condiciones sanitarias devastadoras.
En algunos territorios la esperanza de vida puede caer hasta los 40 años. La malaria y la tuberculosis siguen siendo las principales causas de muerte. Más de 390 yanomami han muerto en los últimos años, en su mayoría por malaria.
Los centros de salud no funcionan. No hay medicamentos. No hay médicos…
Pero sí hay minas. Sí hay mercurio. Sí hay mafias. Y ahora, como si no hubiera sido suficiente, anuncian el Plan Oro…
Más minería. Más expansión extractiva. Más devastación…
Hablan de soberanía. Hablan de desarrollo. Hablan de patria… Pero lo que están haciendo es rematar la Amazonía venezolana.
Lo más indignante es la hipocresía.
Son los mismos que dicen amar a Venezuela. Los mismos que llenan discursos con la palabra “patria”.
Pero no han movido un solo dedo para proteger nuestra tierra.
Porque mientras hablan de patria, están destruyendo la selva. Mientras hablan de soberanía, están entregando el subsuelo a mafias y economías criminales.
Esto no es desarrollo. Esto es ecocidio.
Un crimen contra la naturaleza. Un crimen contra los pueblos indígenas. Un crimen contra el futuro de Venezuela…
La Amazonía venezolana no es una mina. No es un botín. No es una caja chica para sostener un régimen…
Es uno de los ecosistemas más importantes del planeta. Y si seguimos por este camino, lo que estamos destruyendo no se recuperará jamás.
Este ecocidio tiene que parar.
Y tarde o temprano los responsables tendrán que rendir cuentas ante la historia. Porque Venezuela NO se vende. Venezuela NO se saquea…
Venezuela se protege.
“The Egg Travels” in Dinosaur (2000) is pure spectacle. That sweeping journey across deserts, oceans, and jungles, all carried by James Newton Howard’s soaring score. It’s grand, panoramic filmmaking in a few wordless minutes.